Como Directora del Centro CRHIAM, es una figura clave en la búsqueda de la sustentabilidad hídrica en Chile. Con una trayectoria marcada por el rigor, la claridad y el desafío a lo tradicional, esta ingeniera ambiental ha logrado articular la ciencia, la tecnología y la formación avanzada desde una perspectiva interdisciplinaria, esencial para enfrentar la complejidad de la crisis del agua y traducir el conocimiento técnico en políticas públicas y soluciones que impacten la vida cotidiana.
La directora del Centro de Recursos Hídricos para la Agricultura y la Minería (CRHIAM), Gladys Vidal Sáez, ha dedicado gran parte de su trayectoria a estudiar y fortalecer los sistemas hídricos desde una perspectiva interdisciplinaria.
Su liderazgo académico hoy es clave en un centro que cumple 12 años consolidándose tanto en el país como en el extranjero. “Liderar y sentir la responsabilidad de posicionar a un grupo de investigadores interdisciplinario de alto nivel y generar estrategias que nos visibilicen ha sido muy desafiante y enriquecedor”, afirma, pero aclara que los avances del CRHIAM solo han sido posibles debido al trabajo colaborativo: “Su éxito y presencia a nivel nacional e internacional es gracias al esfuerzo de todos”, recalca.
El despertar de una vocaciónSu ruta hacia la investigación de temas relacionados con el agua y el medio ambiente no fue inmediata.
Formada como ingeniera civil industrial, mención agroindustrias, en la Universidad de La Frontera, inició su vida universitaria cuando en Chile el concepto de medio ambiente todavía no estaba totalmente integrado en la educación superior. Su vínculo con esa área se consolidó en Europa, cuando realizaba su doctorado en Ciencias Químicas en la Universidad de Santiago de Compostela. Allí, bajo la dirección de Juan Manuel Lema, se sumergió en tecnologías para “disminuir los impactos ambientales de los procesos productivos” y vivió el despertar de una vocación que definiría su futuro. En sus estadías en Wageningen, Barcelona y otros centros líderes, profundizó esos estudios y experiencias.
Pero fue su regreso a Chile el que marcó un giro fundamental. Su incorporación al Centro EULA-Chile de la Universidad de Concepción (UdeC) le presentó una nueva forma de entender el territorio y la gestión ambiental. Cuenta que se enfrentó a nuevos paradigmas y a liderazgos interdisciplinarios, con miradas construidas desde las cuencas hidrográficas. En ese espacio encontró la oportunidad de aprender, integrar perspectivas y aportar desde la ingeniería.
Entre 2004 y 2011 fue directora del Doctorado en Ciencias Ambientales del Centro EULA-Chile, en un periodo complejo, marcado por la necesidad de acreditar el programa. Ese rol la llevó a involucrarse directamente en el acompañamiento de tesis, con el objetivo de reducir los tiempos de permanencia de los estudiantes y asegurar su graduación.
Ese proceso significó un punto de inflexión en su forma de entender las ciencias ambientales y la interdisciplina. “Esto me ayudó a salir de mi zona de confort y entender las ciencias ambientales a través de los múltiples trabajos dirigidos por los diferentes profesores del programa”, explica. Más tarde, lideró la creación de la carrera de Ingeniería Ambiental y encabezó el equipo que dio origen a la Facultad de Ciencias Ambientales de la UdeC, una experiencia que, junto a su formación como ingeniera civil industrial, resultó clave para asumir posteriormente la conducción de un centro de excelencia como el CRHIAM.
Organizada y responsable por sus acciones Gladys Vidal reconoce que abrirse paso en espacios marcados históricamente por hombres también definió su desarrollo. Durante su época universitaria en Temuco, la presencia femenina era mínima: “No había más de cuatro mujeres y 116 hombres”, rememora sobre esos años en un escenario que moldeó su carácter en un ámbito tradicionalmente masculinizado. “Desde que recuerdo he sido minoría en los grupos de estudio y luego en grupos de trabajo”, expresa, y sostiene que de aquellas vivencias se acostumbró a dar lo mejor de sí, a ser organizada y responsable de sus acciones, pero también, a ser honesta con su entorno. Su paso por España consolidó ese aprendizaje: “Aprendí a decir las cosas claras. Decir ‘no’ cuando corresponde y cuando se dice ‘sí’ significa terminar la tarea dentro de los tiempos asignados y con la máxima calidad posible”. Esa forma de trabajar, agrega, le abrió puertas, aunque reconoce que en Chile “al decir las cosas por su nombre, muchas veces se ganan enemigos gratuitamente”. Sin embargo, insiste en que la claridad y la organización son claves: “Cuando los chilenos sepamos decir qué tenemos, darnos cuenta qué sabemos… empezaremos a caminar por el rumbo del desarrollo” , enfatiza.

En el plano personal, atribuye gran parte de su carácter al ejemplo que recibió en su infancia en Quepe, en la región de La Araucanía. De manera especial destaca la figura de su madre, a quien llama “mi líder incansable”. Ese modelo la acompañó durante su formación académica y profesional, reforzando valores como la constancia, el orden y la resiliencia.
El desafío técnico más complejoAunque su trayectoria académica ha estado llena de retos, con cambios de ciudad, estudios en el extranjero, inserción en nuevos equipos, ella identifica un desafío contemporáneo como el más intenso de su carrera: “Lo más desafiante ha sido llevar la Dirección del Centro Fondap CRHIAM de ANID”, expresa.
Esa complejidad no radica únicamente en la gestión administrativa, sino en articular distintos grupos humanos alineados en diferentes lugares del país. Pero, además, en trabajar porque esa evidencia científica ‘llegue’ a los grupos de interés, ya sean públicos, privados o dentro de la misma academia. “En particular, hemos hecho el tremendo esfuerzo de alinear la investigación con las necesidades regulatorias y de políticas públicas en un contexto de creciente demanda de recursos hídricos”, indica.
En el CRHIAM, la investigación se orienta a la sustentabilidad del agua entendida como la manera de usar el agua de forma inteligente y responsable para que no falte en el futuro. Desde una mirada interdisciplinaria, las cinco líneas de trabajo de este centro buscan conservar el recurso, evitar su contaminación y asegurar su disponibilidad para las generaciones actuales y futuras.
En ese marco, articula ciencia, tecnología y formación avanzada para responder a los desafíos hídricos del país. La contribución de Gladys Vidal se concentra en la tecnología del agua, particularmente, a través del grupo de Ingeniería y Biotecnología Ambiental GIBA-UDEC, creado en 2002. Desde allí se han formado más de 150 estudiantes y se han impulsado nuevas líneas de investigación.
La gran tareaPara Gladys Vidal, uno de los principales desafíos pendientes en materia hídrica es avanzar hacia una gobernanza más clara y comprensible para la ciudadanía. Desde su perspectiva, “tener una institucionalidad única para este recurso tan vital para las personas, los ecosistemas y el crecimiento económico del país es muy importante”, pero ese esfuerzo resulta insuficiente si el conocimiento técnico no logra conectar con la experiencia cotidiana de las personas. ¿La razón de aquello? La gestión, el reúso y el tratamiento del agua suelen abordarse desde lenguajes especializados que dificultan su comprensión y alejan el problema de la vida diaria, indica la académica.
Por ello recalca que los centros generadores de investigación y de conocimiento deben que cumplir un rol clave no solo en la generación de evidencia científica, sino también en su traducción a lenguajes y plataformas que permitan comprender el real valor del agua para la vida y la salud de las personas.



