Criar sin pantallas: por qué la infancia necesita menos tecnología y más experiencias reales

/ 1 de Abril de 2025

En la actualidad, las pantallas están presentes en casi todos los aspectos de nuestras vidas, desde el entretenimiento hasta la educación. Sin embargo, criar a los niños sin depender de ellas es un reto cada vez más relevante en una era digital que no deja de expandirse. Estudios ya han demostrado que la sobreexposición a dispositivos electrónicos puede interferir en el desarrollo físico, emocional y cognitivo de los más pequeños, afectando su capacidad para concentrarse, interactuar de manera efectiva con los demás y, en algunos casos, incluso influir en su bienestar mental.

Por Pía Hoffmann Merino

Max tiene cuatro años y medio y acaba de empezar PreKínder. Al igual que a muchos niños de su edad, a él le encantan los programas de los canales infantiles. Su favorito es Paw Patrol, una serie animada que sigue la historia de Ryder y un grupo de cachorros de rescate.

Su mamá, Camila Serrano, cuenta que los colores, la animación y las aventuras de los personajes hacían que Max no pudiera dejar de mirar la pantalla. “Yo notaba que se quedaba pegado, que no captaba mucho de la historia, sentía que estaba como hipnotizado”, recuerda. Y, por lo mismo, quitarle la pantalla era un escándalo: “Tiraba el control remoto y me decía que era mala”. Por esos comportamientos decidió limitarle las horas que pasaba frente a la pantalla.

Han trascurrido varias semanas desde aquello. Actualmente ver televisión es un privilegio al que Max solo puede acceder los fines de semana. Si antes miraba tres capítulos de Paw Patrol diarios, hoy solo ve uno el sábado y, otro, el domingo, y cuando este termina, apaga la televisión por su cuenta.

Incluso, se ha incorporado en el desarrollo de las actividades domésticas y hasta disfruta ayudando a su mamá con las tareas del hogar. Camila cree que el cambio de actitud es incuestionable. Ha hecho más amigos y su juego es más elaborado, con historias. “Veo que hay mayor capacidad de imaginación en él”, confiesa.

Su experiencia no es un caso aislado. Un estudio publicado en la revista JAMA (Journal of the American Medical Association) Pediatrics, en agosto del año pasado, relaciona el uso de pantallas en menores de cinco años con las rabietas. La investigación se aplicó a 315 apoderados de menores de cinco años en Canadá.

Dentro de los hallazgos, se encontró que los niños de tres años y medio que usaban tablets presentaban mayores rabietas y frustración a los cuatro años y medio. Y, además, que los niños de cuatro años y medio con rabietas presentarían un mayor uso de tablets a los cinco años y medio.

Lo que arrojan los estudios 

El dilema sobre la cantidad de tiempo que pasan los niños frente a las pantallas no es nuevo. De acuerdo con el Anuario Estadístico de Oferta y Consumo de Programación de TV del CNTV, en 2015 los escolares veían más de tres horas de televisión diaria. Una cifra que hace 10 años ya era preocupante.

En enero de este año, Qustodio —una aplicación de control parental para supervisar la actividad de menores en Internet— publicó su informe anual sobre los hábitos digitales de los jóvenes. Analizó la información de 400.000 usuarios, con hijos entre 4 y 18 años, en España, Francia, Reino Unido, Estados Unidos y Australia. Titulado El dilema digital: la infancia en una encrucijada, reveló que, al igual que en 2023, el año pasado los menores pasaron cuatro horas diarias conectados a dispositivos electrónicos fuera del horario escolar. En total, son 1.460 horas al año, lo que equivale a 60 días seguidos frente una pantalla.

Y es que, en la era digital, las pantallas se convirtieron en compañeras inseparables de la infancia. Por ello, diversos estudios han investigado su impacto real en el desarrollo de los niños. Sus hallazgos plantean un desafío para padres y educadores.
Según la Radiografía Digital de Niños, Niñas y Adolescentes 2025 de ClaroVTR y Criteria, los niños en Chile pasan más de cuatro horas diarias conectados a Internet en actividades de ocio, lo que tendría un impacto en su rendimiento escolar, salud física y mental.

El uso excesivo de estos dispositivos es una preocupación global, lo que ha llevado a varios países a implementar restricciones en las salas de clases. Italia y Francia fueron de los primeros en prohibir los celulares al interior de las escuelas.

Así también lo afirman los datos publicados en la Revista Chilena de Pediatría en 2021, que sostiene que los escolares pasan entre cinco y seis horas frente a una pantalla todos los días. Y aunque los niños juegan más videojuegos y las niñas navegan más por Internet, en ambos casos presentaron notas más bajas en matemáticas, lenguaje, educación física y promedio general. Además, manifestaron problemas de memoria y atención.

Una investigación liderada por el Departamento de Salud Pública de la Universidad de La Frontera en la región de La Araucanía entre 2022 y 2023 reveló que existe una relación entre el uso excesivo de pantallas y los riesgos de obesidad y trastornos del sueño. Según el informe, los niños que pasaban más de dos horas conectados a una pantalla presentaban casi tres kilos más de grasa y un aumento en la prevalencia de hipertensión, ambos indicadores asociados a la obesidad infantil y el sedentarismo.

Carolina Pérez, autora del libro Secuestrados por las pantallas.

Se encontró también que aquellos estudiantes que pasan más de seis horas diarias frente a una pantalla presentan menos socialización con sus pares, mayor irritación, falta de sueño y concentración.

El uso excesivo de estos dispositivos es una preocupación global, lo que ha llevado a varios países a implementar restricciones en las salas de clases. Italia y Francia fueron de los primeros en prohibir los celulares al interior de las escuelas.

En Estados Unidos, ya son al menos 14 los estados que buscan limitar o incluso prohibir el uso de aparatos electrónicos durante la jornada escolar. En noviembre del año pasado, Australia aprobó una ley que prohíbe el uso de redes sociales para menores de edad, una medida que debería entrar en vigor durante este año. Y hasta el año pasado, al menos un 60% de establecimientos escolares en Brasil, restringía el uso de los celulares a de los estudiantes.

En nuestro país, la Cámara de Diputadas y Diputados aprobó en agosto de 2024 el proyecto de ley que busca prohibir el uso de teléfonos celulares en la educación parvularia y de primero a sexto básico. La iniciativa ahora está en el Senado para su segundo trámite legislativo.

Sin embargo, la propuesta considera el uso excepcional del celular en actividades académicas, en el aprendizaje de estudiantes con necesidades educativas especiales y en situaciones de emergencia.

Aprendizaje versus entretenimiento

Josefa e Isidora tienen nueve años, son mellizas. Este 2025 pasaron a cuarto básico y desde primero comenzaron a usar tablets en el colegio. Su mamá, Francisca Fernández, dice que con estos dispositivos “pueden hacer varias actividades que complementan con los libros escolares. Pero es una tablet, y los chicos igual descargan juegos y usan Internet”.

Y es que el uso de plataformas digitales se inclina más hacia el entretenimiento que hacia el aprendizaje. Según el informe anual de Qustodio, los menores pasan 120 minutos en TikTok y 79 minutos en Instagram cada día, mientras que aplicaciones educativas como Duolingo, Photomath y Kahoot! no son usadas más de diez minutos diarios.

Actualmente, ninguna de las hijas de Francisca tiene celular y no lo tendrán hasta los 18 años. “Mis hijas llegan a la casa y no pescan la tablet del colegio, chao. Ellas bailan, juegan en la cama elástica o al colegio y pretenden ser profesoras”, cuenta su madre.
Aunque ella es muy firme en su decisión, se cuestiona si el modelo de aprendizaje es realmente coherente. “Yo digo ‘padre Gatica, predica, pero no practica’, o sea, después nos hacen reuniones del tema de las tablets, del uso excesivo de pantallas y nos dicen que ‘acá en el colegio las usan para cosas específicas relacionadas con la clase’. Está bien, pero igual el ratito que la ocupan te va haciendo un adicto y, al final, tienes que comprarla, porque cómo se las voy a prohibir si en el colegio se lo están pasando”, opina.

Cómo afecta la tecnología a un cerebro en desarrollo

Entender cómo funciona el cerebro, no solo puede resultar fascinante, sino también crucial para determinar cómo aprendemos y pensamos. En su libro, Secuestrados por las pantallas, Carolina Pérez, educadora de párvulos de la Universidad Católica y Máster en Educación de la Universidad de Harvard, describe que este órgano crece de manera secuencial, de atrás para adelante, es decir, empieza de lo menos a lo más complejo.

Cuando aprendemos algo nuevo, el cerebro no almacena esa información como un computador, sino que crea nuevas conexiones entre neuronas que van formando los circuitos que serán la base de la arquitectura cerebral. Mientras más se usen, las uniones y los circuitos se harán más fuertes. Si no se utilizan, tienden a debilitarse.

Antonella Urzúa, coordinadora académica de Fonoaudiología de la Facultad de Medicina Clínica Alemana de la UDD.

Nuevos aprendizajes o experiencias tienen la capacidad de crear conexiones inéditas o de modificar otras en respuesta a recientes conocimientos o vivencias. Esto se conoce como neuroplasticidad y, durante la infancia, es mayor porque el cerebro aún está en desarrollo.”

Por eso, Pérez sugiere que los niños deben tener experiencias educativas valiosas y entretenidas, que se repitan una y otra vez. Como, por ejemplo, para practicar los colores: un día pueden trabajar con una masa de color rojo; al siguiente, ir al jardín vestidos de rojo y, en el que viene, ver una obra de arte con mucho rojo. De esta forma, no solo se repite el color, sino que los también niños usan todos sus sentidos para recibir la información.

Por eso, la educadora de párvulos es tajante al decir que: “Una pantalla no tiene nada que hacer en esta ecuación”. Eso, porque también afectarían la forma en que desarrollan el lenguaje y aprenden a interactuar con los demás.

En marzo del año pasado, la revista JAMA Pediatrics publicó una investigación que siguió a 220 familias australianas durante dos años para analizar las interacciones y comunicación entre niños (de uno a tres años) y sus padres. El estudio utilizó dispositivos de reconocimiento del habla para procesar la exposición a ruidos electrónicos y otros sonidos de los niños o los adultos.

…en promedio los pequeños de tres años que pasaban 172 minutos expuestos a pantallas …estarían perdiendo la oportunidad de aprender 1.139 palabras dichas por los adultos, dejarían de usar 843 y tendrían 194 conversaciones menos.

Los autores hicieron dos estimaciones. Para las familias que siguen las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud de una hora de pantalla diaria a los tres años, los resultados señalaron que los niños podrían estar perdiendo la oportunidad de escuchar 397 palabras de los adultos, de usar 294 y de mantener 68 instancias de conversación.

En el caso de las familias estudiadas, en promedio los pequeños de tres años pasaban 172 minutos expuestos a pantallas, o sea poco más de dos horas. Ellos estarían perdiendo la oportunidad de aprender 1.139 palabras dichas por los adultos, dejarían de usar 843 y tendrían 194 conversaciones menos.

Y aunque una parte importante del desarrollo del lenguaje depende de las palabras que escuchamos, es crucial mantener interacción con otras personas. Así lo explica Antonella Urzúa, coordinadora académica de Fonoaudiología de la Facultad de Medicina Clínica Alemana de la Universidad del Desarrollo.

Urzúa señala que el problema no radica solo en el tiempo de exposición, sino en el uso que se les da a las pantallas. “Todas estas tecnologías pueden ser usadas de forma beneficiosa para quienes sí las requieran, por ejemplo, personas con Trastorno del Espectro Autista, con trastornos del lenguaje o dificultades auditivas, porque las usan como comunicación alternativa aumentativa, esto es, un facilitador para la interacción comunicativa”.

Pero añade que, en muchos casos, las pantallas “generan restricciones en la capacidad que tenemos de interactuar y de resolver conflictos”. Y destaca que, para el desarrollo del lenguaje, es necesaria la interacción social. “La estimulación la hace un cerebro humano a otro en interacción social. Esto permite reconocer los turnos dentro de una conversación, diferenciar el receptor del emisor, respetar las pausas (…) hay muchos aspectos que son pragmáticos de la comunicación y sobre todo del lenguaje oral, que solo está dado porque tú estés estimulado para aprender esas conductas sociales”, explica.

Decodificar el lenguaje, leer los códigos sociales y adecuarse al contexto son todos aspectos que estarían vinculados a un buen desarrollo del lenguaje. La coordinadora académica añade: “Si tú no tienes un buen desarrollo comprensivo del lenguaje, te puede pasar que llegas a la universidad, te piden que argumentes y tú enumeras. O sea, respondes peras en lugar de manzanas”. Y es que una buena comprensión del lenguaje considera interpretaciones tan sencillas como identificar si a uno le están haciendo una pregunta. “Esas sutilezas del lenguaje, una máquina no te las da”, recalca.

Aun así, Antonella Urzúa argumenta que: “No le pondría la categoría de demonio a la tecnología. Pero sí les haría entender a padres y cuidadores, la relevancia de la interacción social. Los niños tienen que aprender a jugar, a relacionarse, a frustrarse y a salir de la frustración”.

Cuando un ‘like’ no es suficiente

Para el psicólogo y académico de la Universidad San Sebastián, Ricardo Landaeta, utilizar la tecnología como recurso dentro del aula es casi inevitable. En su experiencia, más que prohibir, cree que se deben incentivar nuevas formas de enseñanza, pero advierte que esto no se logra en un año, es un trabajo a largo plazo.

Ricardo Landaeta, psicólogo y académico de la USS.

Pero Carolina Pérez cree que “la tecnología debe llegar cuando (los niños) hayan comprendido lo que leen, sean capaces de solucionar un problema y cuando tengan pensamiento crítico”.

Lo que no es un problema menor, ya que, según datos de la OCDE, el 44% de los adultos chilenos no tiene competencias suficientes en comprensión lectora, matemáticas y en la resolución de conflictos.

“Nadie se levanta en la mañana y dice ‘quiero hacer una planilla Excel’. No, lo primero que haces es agarrar tu teléfono”, dice Pérez. Porque “no todas estas tecnologías están diseñadas para generar adicción”.

La experta afirma que el problema con estas aplicaciones es la adicción, y explica: “Cuando un niño está jugando a la pelota, su cerebro secreta dopamina —neurotransmisor del placer— en cantidades normales. Entonces, al día siguiente quiere volver a jugar porque estamos diseñados para buscar placer”.

La diferencia con las redes sociales o los videojuegos es que están diseñados para que el cerebro secrete toneladas de dopamina. “Y ese niño dice: ‘Esto es demasiado rico’ y su cerebro le dice ‘Esto no es normal, para la próxima tienes que darme más para sentir el mismo nivel de placer’”.

La misma revista JAMA Pediatrics publicó un estudio en 2023 sobre que el uso constante de redes sociales altera el desarrollo del cerebro, principalmente, en las áreas relacionadas con la recompensa y motivación. Esto porque cada like o comentario estaría construyendo una dependencia a la búsqueda de validación.

El primer teléfono: cuándo es el momento adecuado

Ximena Bancalari es madre de tres niños y ninguno usa teléfonos o tablets para divertirse. “A nosotros nos encanta estar en el exterior, todos los días salimos al parque, estamos más de dos horas afuera, entonces cuando volvemos ya están agotados, así es que comen, se bañan y se duermen”, relata.

En enero de este año publicó su primer libro “La máquina robapoderes”. La historia sigue a Julián y Alberto, dos amigos que viven su infancia de forma muy diferente: uno pasa sus días en el jardín y, el otro, se encierra a mirar una pantalla.

Cuando Ximena descubrió todo lo que ocurría en el cerebro de un niño mientras estaba expuesto a pantallas, supo que con sus hijos haría algo diferente. Con cientos de páginas de material, pero ningún texto dirigido a niños tomó la decisión de escribir el suyo.

Ximena Bancalari, autora del libro La máquina roba poderes.

Decidió representar en el texto los tres poderes más importantes que la máquina les roba a los niños: “Yo digo que la máquina les roba el poder de la voz, la movilidad y la imaginación”.
Además, se está preparando para cuando sus niños hagan preguntas: “Mi hijo mayor tiene siete, y ahora es cuando empiezan a ver que otros amigos ocupan celular o que en las casas juegan videojuegos, y que acá nosotros eso no lo tenemos”.

Mientras que el informe anual de Qustodio señala que, en promedio, los jóvenes reciben su primer teléfono a los 12 años, la Radiografía Digital de Niños, Niñas y Adolescentes 2025, señala que en Chile cuentan con su primer celular casi a los 10 años (9,7). Y un 55% de ellos tiene su primer contacto con un dispositivo electrónico antes de los siete.

Pero determinar si su hijo está listo para asumir la responsabilidad de tener teléfono propio puede ser muy difícil para un padre o una madre. ¬¬
En España, el Ministerio de Juventud e Infancia propone a los padres adoptar el uso de teléfonos análogos —sin conexión a Internet—, y postergar lo máximo posible el uso de smartphones, idealmente hasta los 16 años.

La Asociación Americana de Pediatría sugiere que, antes de tomar cualquier decisión, se mantengan conversaciones con los niños sobre los pros y contra del uso del celular; se establezcan horarios y lugares donde puedan usarse los dispositivos; y recomienda que se usen medidas de seguridad, como el control parental para filtrar contenidos.

Para ayudar a los padres, la Asociación Americana de Pediatría junto a AT&T, proponen un cuestionario con 10 preguntas clave para decidir si un hijo está preparado para su primer teléfono.

Algunas de las preguntas a abordar son:
¿Cree que su hijo necesita un teléfono celular para su seguridad?
-¿Tener un teléfono ayudaría a su hijo a conectarse con familiares o amigos que no puede ver en persona?
-¿Su hijo cuida exitosamente de sus cosas?
-¿Confía en el criterio de su hijo cuando toma decisiones cuando usted no está presente?
-Cuando su hijo comete un error, ¿admite que lo ha cometido y luego se esfuerza por mejorar las cosas?

Ricardo Landaeta reconoce que, si bien no hay una edad determinada, lo ideal sería entregarles el primer celular a los hijos después de los 12 años. “Eso igual va a depender de lo que observe el papá o la mamá sobre la madurez del niño. Por ejemplo, que cuide sus cosas, que se preocupe de su imagen, que converse temas que corresponden a su edad”, dice. Y sugiere que, en el caso de que sea necesario y se le entregue un teléfono a un niño, “sí o sí hay que tener algún tipo de protección parental que controle lo que ve”.

Al uso excesivo de pantallas se le atribuye distintos efectos en la salud, en el desarrollo y en el bienestar de los niños. Por eso, la Asociación Española de Pediatría propone un Plan Digital Familiar donde establece límites claros sobre el uso de pantallas según la edad. La guía sugiere que hasta los seis años se evite todo uso de pantallas; de 7 a 12 recomienda menos de una hora diaria de exposición; y a partir de los 12, menos de 2 horas al día, considerando el tiempo escolar.

Aunque el impacto de las pantallas depende de la edad del menor, del tiempo de uso y del material que consume, los expertos coinciden en que el acompañamiento es clave. Supervisar lo que ven, conversar sobre los riesgos y ofrecer alternativas de diversión y aprendizaje fuera de las pantallas son esenciales para un desarrollo sano y equilibrado.