¿Qué transformaciones abre para las escuelas el proyecto que prohíbe los celulares?

/ 26 de Diciembre de 2025
    • Dra. Viviana Hojman  Directora ejecutiva, Valoras de UC
    • Dra. Mónica Peña. Académica y docente Valoras UC.

 

La aprobación del proyecto de ley que regula el uso de celulares y otros dispositivos electrónicos en los establecimientos escolares invita a repensar cómo aprendemos a convivir en un mundo donde lo digital forma parte de la vida cotidiana.

¿Por qué hacer una ley? Entre los fundamentos para legislar se encuentran el rendimiento académico, el aumento de los conflictos interpersonales, los riesgos del mundo digital y las dificultades para concentrarse, tanto en el aula como en las actividades recreativas. Además, el proyecto se alinea con las tendencias internacionales, ya que otros países, como Francia, Finlandia y Australia, ya han avanzado en la creación de restricciones o regulaciones sobre el uso cotidiano del celular en las escuelas.

En Chile la nueva norma habilita el uso excepcional para estudiantes con necesidades educativas especiales, situaciones de emergencia, catástrofes o necesidades médicas, además de cuando las familias lo soliciten por razones justificadas. También podrán incluirse dispositivos cuando se autorice con fines formativos. Todo lo anterior deberá quedar regulado en los instrumentos internos de la escuela.

La nueva ley entrará en vigencia en 2026, y las escuelas tienen plazo hasta el 30 de junio de ese año para ajustar sus reglamentos internos.

“Los establecimientos también deberán incorporar las nuevas normas en sus reglamentos: definir dónde se guardarán los dispositivos, quién supervisará su uso excepcional o cómo se integrará el celular cuando tenga sentido pedagógico”. 

Aunque el celular es una herramienta incorporada a la vida cotidiana, su uso sin acompañamiento y mediación puede afectar el bienestar y el desarrollo socioemocional integral de los niños, niñas y adolescentes (NNA). El uso sin límites de celulares y otros dispositivos digitales en NNA conlleva riesgos y peligros: investigaciones muestran que el acceso permanente a pantallas favorece patrones de hiperconectividad que interfieren con el sueño, la concentración y la regulación emocional. En el plano relacional, el celular compite directamente con las interacciones cara a cara, lo que reduce la calidad del juego, la conversación y el apoyo social entre pares, elementos fundamentales para el desarrollo de los NNA. A esto se suman los riesgos de violencia digital, como el ciberacoso, así como la exposición a contenidos inadecuados y la presión por la autoexposición, fenómenos que amplifican el estrés y la vulnerabilidad emocional en edades en las que aún se están consolidando las habilidades socioemocionales.

Queremos hacer una advertencia e invitación a los establecimientos, porque regular no implica negar la tecnología. Creemos que el principal desafío para los establecimientos no será técnico, sino cultural. Esto es, los celulares seguirán siendo parte de la vida de los niños, niñas y adolescentes (NNA), por lo que se requiere acompañar y mediar en los procesos de aprendizaje digital. Y para esto, algunas acciones son fundamentales, por ejemplo, la deliberación colectiva, donde los adultos debemos definir los límites que compartimos y asumir el rol de mediadores entre los NNA y el mundo digital.

El foco debiera estar en coproducir acuerdos con la participación de la comunidad escolar, incluyendo a los propios NNA. Los estudios demuestran que los NNA siguen estando interesados en el juego presencial, pero cada vez hay menos alternativas para llevarlo a cabo.

Los establecimientos también deberán incorporar las nuevas normas en sus reglamentos: definir dónde se guardarán los dispositivos, quién supervisará su uso excepcional o cómo se integrará el celular cuando tenga sentido pedagógico. También se requerirán nuevos protocolos de comunicación entre hogar y escuela, mensajes claros sobre cuándo es necesario llamar y cuándo no; y campañas sobre los efectos del uso excesivo en el bienestar y la convivencia. Si las familias usan las pantallas de manera permanente, para los niños no será fácil dejar de usarlas en la escuela.

Finalmente, quedan preguntas abiertas para el sistema educativo y la sociedad en general: ¿Dónde y cómo aprenden hoy los NNA a usar tecnologías y a convivir en línea? ¿Cómo se integrarán las competencias digitales del siglo XXI en el currículum? El hogar, la escuela, los pares y las plataformas mismas alfabetizan digitalmente, pero en sentidos desiguales según la edad, la clase social y el género y, al mismo tiempo, la alfabetización digital es fundamental para la vida, incluyendo los trabajos de hoy y del futuro. Entonces, si los dispositivos quedan completamente fuera de la escuela, donde se aprenderá la ciudadanía digital.

Esta discusión invita a pensar qué tipo de escuela, familia y sociedad queremos construir y cómo preparamos a niños y jóvenes para la vida digital. Regular el uso del celular en las escuelas es un paso necesario, pero insuficiente si no va acompañado de enseñanzas sobre convivencia digital y de un enfoque formativo más que punitivo.

Complementariamente, creemos que las siguientes normativas deben mantener sentido comunitario para que se cumplan, tienen que considerar también las responsabilidades de las plataformas digitales -que usan los NNA- y, sobre todo, tenemos que visualizar cómo no dejar todo el peso en instituciones ya sobrecargadas, como la escuela y la familia.