
Hay ramos que acompañan un vestido y otros que parecen contar una historia. Esa es la mirada que desde 2010 guía a Amore Mío Floristería, emprendimiento familiar liderado por Patricia Maríquez Alarcón, quien encontró en los matrimonios un espacio donde las flores podían convertirse en algo más que un elemento decorativo.
La premisa es sencilla: escuchar antes de diseñar. Porque para Amore Mío no existen dos novias iguales y, por lo mismo, tampoco debería haber un ramo idéntico para todas. El vestido, la personalidad, el estilo de la celebración, el lugar y hasta la manera en que una mujer quiere sentirse ese día forman parte de la conversación que da origen a cada propuesta.

El trabajo comienza con el ramo, pero está lejos de terminar ahí. Boutonnieres, flores para el peinado, pulseras florales, ramos para lanzar, decoración del auto, arcos florales, ceremonias al aire libre e iglesias son parte de una propuesta que busca construir una experiencia floral completa. También ofrecen alternativas como el flower bar, pensado para incorporar las flores como parte de la celebración.
La ambientación tampoco responde a una fórmula. Amore Mío no trabaja con planes rígidos: cada propuesta se construye a partir de la historia, los gustos y las posibilidades de cada pareja. El equipo considera la arquitectura del espacio, la temporada, la paleta de colores, el vestido de la novia y, por supuesto, el presupuesto disponible. La idea es adaptar la propuesta, no imponer una tendencia. Una ceremonia puede pedir una composición romántica y delicada; otra, una puesta más natural, contemporánea o llena de color. Para el equipo, el presupuesto no determina la belleza de una propuesta, sino las posibilidades para encontrar la mejor manera de llevar una idea a las flores.
Las tendencias actuales apuntan hacia ramos menos estructurados, con formas orgánicas, movimiento y cierta naturalidad. Rosas de jardín, peonías y ranúnculos mantienen su lugar, mientras flores más escultóricas, como el amaranthus, aportan un aire contemporáneo. Marfil, blanco, crema, rosados empolvados y verdes suaves siguen entre los tonos preferidos, aunque también aparecen amarillos, terracotas y colores más intensos.
El sello personal puede estar, incluso, en un detalle diminuto: una cinta relacionada con el vestido, un relicario, una fotografía o algún objeto familiar incorporado al ramo. En la decoración, ese relato puede extenderse desde el arco floral hasta las mesas.
Para Patricia, esa conexión es quizás la parte más significativa del oficio. Años después de un matrimonio, todavía hay mujeres que se acercan a saludarla para decirle que ella hizo su ramo de novia. Es entonces cuando entiende que las flores permanecen de una manera inesperada: en una fotografía, en un recuerdo y en la memoria de un día que comenzó con una historia de amor. En IG los encuentras como @amoremiofloristería

