
La crisis hídrica que atraviesa la región del Biobío ya no es una advertencia futura: es una realidad cotidiana que afecta de manera directa la vida de miles de personas. El déficit de precipitaciones superior al 30% registrado el último año y la dependencia de más de 26 mil habitantes de camiones aljibe revelan una situación estructural que golpea con mayor fuerza a los territorios rurales. Allí donde el acceso al agua no es seguro ni continuo, la escasez se convierte en desigualdad.
Sin embargo, esta crisis no es solo climática o ambiental. Es también social y cultural. En las zonas rurales, casi la mitad de la población obtiene agua mediante sistemas comunitarios o soluciones individuales, y son las mujeres quienes, en la práctica, sostienen la gestión diaria del recurso: recolectan, administran, cuidan y racionalizan el uso del agua en sus hogares y comunidades. Pese a ello, su presencia en los espacios formales de decisión sigue siendo limitada. Esta exclusión no solo perpetúa brechas de género, sino que debilita la capacidad de respuesta frente a un escenario climático cada vez más extremo.
La evidencia es clara: cuando las mujeres quedan fuera de la gobernanza del agua, se pierden conocimientos, prácticas y miradas clave para enfrentar la escasez. Invisibilizar estos conocimientos -en las políticas públicas, en los medios y en el debate público. empobrece las soluciones y reduce la resiliencia de las comunidades.
A ello se suma un contexto ambiental crítico. La disminución sostenida de caudales en ríos y vertientes, la pérdida de vegetación nativa y el impacto de modelos productivos que reducen la capacidad de retención hídrica han agravado la escasez en comunas rurales del Biobío. Paralelamente, la caída en los niveles de conciencia ambiental refleja un debilitamiento del vínculo entre ciudadanía y territorio, justo cuando más se requiere corresponsabilidad y participación.
En este escenario, los medios de comunicación tenemos una responsabilidad ineludible. Durante demasiado tiempo, el relato sobre la crisis hídrica ha estado dominado por enfoques técnicos, institucionales o de emergencia, dejando en segundo plano las experiencias locales y, particularmente, las voces de las mujeres que sostienen soluciones concretas en sus territorios. Corregir esa omisión no es solo un acto de justicia narrativa, es una condición para construir respuestas más integrales y sostenibles.
El proyecto Mujeres y Agua: Saberes, Territorios y Futuro en el Biobío, impulsado por Revista NOS, nace precisamente desde esa convicción. Visibilizar a las mujeres como líderes ambientales, reconocer su rol en la gestión del agua y poner en valor sus saberes no es un gesto simbólico: es una apuesta por fortalecer la equidad de género, enriquecer el debate público y fomentar una ciudadanía ambientalmente consciente.
Creemos que no habrá soluciones reales a la crisis hídrica si se sigue excluyendo a quienes, históricamente, han cuidado el agua en silencio. Incorporar a las mujeres en el centro del relato y de las decisiones es una necesidad urgente y una oportunidad concreta para pensar el futuro del Biobío -y del país- desde una mirada más justa, más diversa y sostenible.



