Entrevista a Alfredo Jocelyn Holt, historiador, escritor y polemista.

/ 21 de Mayo de 2009

cultura-0079Es uno de los polemistas más destacados y respetados de la actualidad. Historiador, Licenciado en Derecho, académico y escritor, su elevada preparación le ha permitido plantear un original enfoque a la disciplina histórica, a la que no duda de calificar como arte antes que ciencia. Fue nominado al Premio Altazor en categoría Ensayo literario por la publicación de “Amos, señores y patricios”, el tercer tomo de su serie dedicada a la Historia General de Chile. Aquí revisa y explica parte de sus postulados y analiza, desde su particular perspectiva, la contingencia electoral nacional.
Su hogar, ubicado en la comuna de Providencia, se inserta en un sector tradicional que aún no es absorbido por lo que denomina “la megápolis”. En su interior, la sobria elegancia, los miles de libros que conforman su biblioteca, y un fino piano -Emilia, su hija, es intérprete- ofrecen un clásico entorno aristocrático. Tataranieto del Presidente José Manuel Balmaceda y pariente de Carlos Ibáñez del Campo, Alfredo Jocelyn-Holt (54) no sólo es un destacado historiador nacional, sino también Licenciado en Derecho, académico y experto en arte y literatura. Su periplo por el mundo se inició a los 10 años, cuando se radicó en Nicaragua junto sus padres y hermanos. Luego seguiría Washington, y una larga carrera de estudios que se iniciaría con Historia del Arte en la Universidad Johns Hopkins (además de un Máster en Estudios Humanísticos), Derecho en la Universidad de Chile y un doctorado en Historia en la Universidad de Oxford, donde conoció a Sofía Correa, su esposa, con quien se radicó definitivamente en Chile, en 1988.
Polémico por naturaleza, su lista de enfrentamientos verbales con destacadas personalidades nacionales incluyen a la propia Presidenta Bachelet, a la que no dudó en calificar como un “producto de marketing” durante su campaña presidencial. El mundo académico también ha sido testigo de su lengua mordaz y directa, la que ha expresado desde sus cátedras en las Universidades de Santiago, Diego Portales y actualmente en las carreras de Derecho e Ingeniería de la casa de Andrés Bello. También ha destacado como escritor, y entre sus títulos más connotados se incluyen “La Independencia de Chile: tradición, modernización y mito” (1992); “El Chile perplejo: del avanzar sin transar al transar sin parar” (1998), el que vendió más de quince mil ejemplares; “Espejo retrovisor: ensayos histórico-políticos 1992-2000” (2000) y su proyecto “Historia General de Chile”, una serie de seis libros cuyo tomo tercero “Amos, señores y patricios” fue nominado este año al Premio Altazor como mejor ensayo literario.
Su vasta formación lo ha llevado a un original -y no menos discutido- planteamiento de la historia, que incluye dimensiones jurídicas, artísticas e incluso míticas. Su propia definición lo sintetiza: “la historia es arte, es muy estética, y un arte retórico, y que permite un entendimiento, fundamentalmente en términos políticos”. Es que la historia y la política corre por sus venas, y no disimula su admiración hacia su tatarabuelo Manuel Balmaceda (cuyo busto lo observa desde una de las paredes). Confidencia venir de una familia “muy, muy argentinófila” (sic) -mal que mal, tras la caída de su ilustre antepasado, todos se refugiaron en el país trasandino- y asegura que jamás tendremos un conflicto bélico con nuestros vecinos, pues desde el punto de vista logístico y geográfico, no tendríamos posibilidad. ”Si no existiera la cordillera de Los Andes, esto sería provincia de Argentina (…) Después del desastre de Rancagua, ellos nos ayudaron a independizarnos. Las guerras desde Argentina para acá, las gana el ejército invasor. Por lo tanto, nosotros no vamos a tener nunca una guerra con Argentina. Nunca. Sería suicida”. Tal cual.
-Ud. es un defensor de la figura del “patrón de fundo” y ha dicho que su autoridad se ejercía sin “estridencias”. Muchos discrepan con esa visión, sostienen que el abuso sexual a las campesinas era considerado como un derecho de los patrones (al estilo Señor de la Querencia).
-Eso es un mito falso. Tengo entendido que el derecho de pernada, incluso en los estudios que se han hecho para Europa, no se ha probado. Lo podemos refutar de esta manera: si nosotros hubiéramos tenido una historia del poder del hacendado basada en la violencia, esta sería: uno, una sociedad feudal; dos, esclavista, y habríamos tenido, por lo tanto, mucho más turbulencia. Como no hemos tenido turbulencia, eso se debe a que, probablemente, no estaba operando eso. No teníamos esclavos, y esto no era un régimen feudal. Lo que teníamos era un régimen señorial, basado en la lealtad recíproca entre patrón e inquilino, y eso significó que el uso de la violencia y de la fuerza fuera muy, muy, muy económico. Ese es un dato muy importante, porque explica el éxito político posterior en Chile sin tener que recurrir al factor violencia, es decir, sin recurrir innecesariamente a los militares (…) yo mandé una vez a un ayudante -que era muy de izquierda, experto en historia agrícola, que me buscara indicios de uso del cepo para los inquilinos y trabajadores internos en la hacienda. Y no encontrón ninguna evidencia. Sí puede haber evidencia para los efectos de peones, afuerinos que vienen a trabajar estacionalmente. Esos, sí, pero inquilinos ¡nunca! El patrón no trata mal a sus trabajadores más leales y estables, que son sus inquilinos.
-Se dice que la violencia ejercida por los militares tras el golpe no fue un acto espontáneo, sino que se originaría en un historial de sucesos sangrientos anteriores, como la Guerra del Pacífico, la “Pacificación de la Araucanía” y matanzas como la de escuela Santa María de Iquique ¿Concuerda con ese análisis?
-Pero acentuado, fuertemente, por dos aspectos: uno, que los militares son de izquierda en Chile hasta la Guerra Fría. Es decir, los militares pretenden tener en el siglo XX una dimensión política, que riñe con lo que yo creo que ha sido lo más exitoso, que es la subordinación de los militares a los civiles. Eso ocurre fundamentalmente en el periodo que va desde la década del 60 en el siglo XIX, a 1925. Y yo creo que es, el Chile republicano, la época más extraordinaria de la historia chilena. Que es la época de oro de la oligarquía, y yo soy un defensor de la oligarquía. No de la actual derecha chilena, sino que la oligarquía tradicional. Me gusta el parlamentarismo, (soy) sospechoso de la democracia mayoritaria, sospechoso de la democracia directa, sospechoso del presidencialismo, sospechoso de los militares porque son inevitablemente de izquierda, o cuando son de derecha, son terroríficos.
-Ud. postuló que fue la Reforma Agraria la que “militarizó” a la derecha y la cambió para siempre…
-Sí. Pero nosotros no quisimos eso, fue la gente de la izquierda la que lo quiso. Más bien la gente de centro-izquierda, los democratacristianos. A ver, yo lo miro más bien por el lado político, y el lado político significó a cambio la dictadura militar. Entonces, los que preconizan la reforma agraria, tienen que mamarse también la dictadura (…) te concedo que la derecha cometió el error de no anticiparse a la reforma agraria y debió haber modernizado las relaciones laborales internas. Sí, te lo concedo. Pero nada más que eso. La reforma agraria tuvo un solo propósito fundamentalmente, que era expropiar el voto seguro de la derecha.

LE DIJE: “MARCO, TÚ VAS A SER PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA”

Fue durante un seminario sobre medios de comunicación a mediados de 2005, en plena campaña presidencial, que Alfredo Jocelyn Holt se consagra definitivamente en la atención mediática cuando, sin anestesia ni filtros, califica en su cara a la entonces candidata  Michelle Bachelet de ser “levantada por las encuestas” e “inconsistente”. “En concreto pienso que es usted un producto de marketing mediático, populista, una carta tapada, no reconocida aún de la fuerza militar. Le agradecería mucho que usted, más allá de un mero desmentido de lo que he dicho, fundamente por qué no deberíamos sentir, por lo menos yo, esta fuerte desconfianza”.
El tiempo pasó, y la presidenta vive el final de la segunda mitad de su Gobierno con una hace poco insospechada popularidad de 67% arrojada por la encuesta Adimark durante el pasado abril. Jocelyn Holt asegura que no le sorprende este respaldo, dado el carácter mediático de la mandataria; en cambio, aún le sorprende que la Presidenta nunca haya explicado “su relación con los militares”,  a quienes “sigue tratando muy bien” a través de la compra de aviones y armamento.
-¿Cuál ha sido la clave para la sobrevivencia política de Bachelet? ¿Sólo su simpatía?
-No, no, para nada. A Estados Unidos –que pautea las grandes políticas en Chile- lo que más le interesa, a través del State Departament, son dos cosas: quién es el Ministro de Defensa, y quién es el Ministro de Hacienda. Poco les interesa el Presidente de la República. Y eso lo tienen con la señora Bachelet: ella fue Ministro de Defensa, tiene ahora a Vidal -que es completamente hiperventilado pero es militarista- y Andrés Velasco, que podría ser Ministro de Hacienda de Estados Unidos. Entonces, por supuesto, no es solamente el carisma de ella, sino que también esto está pauteado desde allá. Yo no soy nacionalista, pero no me gustaría estar demasiado pauteado por Estados Unidos. Si vamos a estar pauteados por una potencia extranjera, ojalá fuera la Unión Europea. Tendríamos mejor TV, seguramente.
-De sus afirmaciones se puede concluir que las FFAA, más que ideologizadas, son prácticas, pues respaldarían de todas formas a un político cuya gestión las apoyará en infraestructura y armamento. No obstante haber sido de izquierda e incluso cercana al FPMR por una pareja en los 80…
-No, lo que yo me refería (cuando encaró a Bachelet en las pasada campaña) no era sus vínculos con los grupos paramilitares, sino que ella había tenido adiestramiento en materia de inteligencia militar en EE.UU, y eso me pareció sospechoso. Yo creo que Bachelet, desde el punto de vista personal, tiene que explicar muchas cosas, y que no se le ha exigido. Yo fui el primero que levanté la mano, y después nadie siguió. Pero, ella tiene que explicar. Ella no es una exiliada en la República Democrática Alemana, ella fue una exiliada en Australia; y una vez en Australia decidió irse con su mamá a la RDA, a ver, explícame… y después ella decide ir a estudiar asuntos de inteligencia militar a EE.UU, explícame… yo creo que ella es absolutamente ambigua en estas materias, ella es muy producto de la Guerra Fría (…) Todo tiene que ver con la influencia de Estados Unidos en la política chilena. La señora Bachelet es una pieza clave de la política norteamericana en Chile. Que ella haya tenido, a su vez, una biografía que la remonta a la RDA no obsta a que ella fue formada en escuelas de inteligencia militar norteamericanas. De eso estoy hablando. Por supuesto que no quisieron hacerse cargo de eso, y por eso es que a ella le dio ataque. La pillé. Ahora, ella no me cae mal, ah.
-Ud. perteneció alguna vez a ChileMedios, donde conoció a Marco Enríquez Ominami ¿Qué análisis le merece el fenómeno de su repunte en las encuestas? ¿Cree que sea un bluff?
-No, el que no es un bluff, definitivamente, es Marco. Marco es un tipo muy, muy serio. Eso me consta, es muy serio. Lo que ocurre es que Marco funciona, y ha trabajado durante un largo tiempo, en el mundo farandulero, en la industria de televisión, entonces se produce esa confusión. Pero él es muy serio e inteligente además tiene un pedigree político que se lo quisiera cualquiera.
-¿Sería su candidato a la presidencia?
-…Sí. Lo que pasa es que yo no voto, porque no me gusta la constitución, y cada vez que uno vota ratifica la constitución. Lo que ocurre es que somos muy amigos con Marco, le tengo mucho respeto, y él no me ha pedido –aunque podría- que lo ayude, en nada. Yo soy una persona muy contemplativa, no me gusta mucho el accionar político. Pero también en el comando de Frei tengo mucha llegada y soy muy amigo de personas que están trabajando con Eduardo Frei, como Pablo Ruiz Tagle. La parada en que yo estoy en este momento, es en parar a Sebastián Piñera como sea. Él es más pinochetista que Joaquín Lavín en el 2000. Lavín me parecía más novedoso.
-¿Cree que la sociedad chilena de hoy –que sigue teniendo un sustrato conservador- estaría más abierta y en sintonía con planteamientos como el matrimonio entre homosexuales, la legalización del aborto, el analizar la despenalización del consumo de marihuana?
-No, por eso es que es tan importante que nos acerquemos nuevamente a lo que son los padrones socioculturales europeos (…) Marco está aquí para un buen rato, esta es la primera campaña presidencial. Yo conocí bastante a la Manuela, su madre -no tengo particularmente buenas relaciones con Carlos (Ominami), más bien tengo malas relaciones con él- y un día ella me llamó por teléfono y me convidó a almorzar. Ya, yo encantado. Fuimos al Parrón, y el mozo dice “déme las llaves, don Marco, le estaciono el automóvil”. Entonces Marco le entrega las llaves y le da la mano, a mí eso me llamó particularmente la atención. Caminó un poco más allá y le da la mano a todos los mozos. Después, cuando entramos al parrón, todas las miradas se pusieron en Marco. Después nos sentamos y comenzó una cantidad de gente que vino a saludarlo. Entonces, le dije: “Marco, tú vas a ser Presidente de la República”. Se rió, le pregunté dónde había aprendido todas esas cosas. “De mis abuelos”, me respondió.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

SÍGUENOS EN NUESTRAS REDES SOCIALES