Lucas Serrano,
Cientista Político y Director carrera de Administración Pública USS.
Si algo nos enseñó Hobbes en el Leviatán es que sin seguridad no hay nada más que construir: ni salud, ni educación, ni prosperidad. Y en esta elección eso se nota: todos hablan de seguridad, pero no todos con la misma claridad ni realismo. El menú es amplio: drones, big data, refundaciones, militares en la calle o nuevas cárceles. Y, pese a las diferencias, hay un punto común: todos prometen más Estado, ya sea en policías, inteligencia, cárceles o control popular.
Desde la administración pública se distinguen tres rutas. La primera, la tecnocrática-modernizadora, con Evelyn Matthei y Marco Enríquez-Ominami, que proponen modernización policial, inteligencia y tecnología. Franco Parisi y Harold Mayne-Nicholls coquetean con esta idea, aunque sin tanto detalle. Suena bien, pero el problema es la implementación: Chile no destaca por coordinar a Carabineros, PDI y municipios, y la experiencia muestra que los drones suelen terminar en bodegas antes que en operativos.
La segunda, la punitiva-militarizada, la encarnan José Antonio Kast y Johannes Kaiser: más militares, más cárceles y, en casos extremos, más permisos para que usted se defienda con su propia arma. Es un discurso claro, que conecta con la sensación de abandono, pero tiene límites: cárceles sin reinserción solo multiplican el delito, y la militarización permanente desgasta a las propias FF.AA. Lo barato en votos puede ser carísimo en gobernabilidad.
La tercera, la garantista-transformadora, viene de Jeannette Jara y Eduardo Artés. Jara apuesta por un ministerio de Seguridad que limite la militarización; Artés va más lejos y plantea disolver Carabineros para refundarlos bajo control popular. La virtud: recordar que sin legitimidad no hay seguridad que aguante. El riesgo: las transiciones son frágiles y podrían abrir más vacíos de los que resuelven.
“Distintas recetas, un mismo diagnóstico: que sin seguridad no hay nada. Lo demás —pensiones, crecimiento, descentralización— será siempre música de fondo mientras no logremos que la señora Juanita llegue tranquila de la feria a su casa”.
A nivel comparado, la experiencia internacional muestra que la fórmula más sensata es la mezcla: policía profesionalizada y legitimada, inteligencia que realmente coordine datos, prevención social sostenida y cárceles que no sean escuelas del delito. No es tan llamativo como prometer mano dura o drones con inteligencia artificial, pero es lo que ha dado resultados en Medellín o Nueva York.
¿Y cómo se lo explicamos a la señora Juanita? Fácil: Matthei y MEO creen que con más inteligencia y tecnología el Estado puede recuperar el control; Kast y Kaiser apuestan por endurecerlo todo; Jara y Artés piensan que hay que cambiar las reglas del juego; Parisi y Mayne-Nicholls, que basta con conversar y arreglar el barrio. Distintas recetas, un mismo diagnóstico: que sin seguridad no hay nada. Lo demás —pensiones, crecimiento, descentralización— será siempre música de fondo mientras no logremos que la señora Juanita llegue tranquila de la feria a su casa.

