Delincuencia y salud mental, una relación peligrosa

/ 10 de Octubre de 2023

Un hecho violento, como el caso de un portonazo, constituye un evento estresante y amenazante que transgrede la sensación de bienestar y seguridad de quien lo vive y, de manera indirecta, de su entorno cercano. Desarrollar sensaciones constantes de amenaza, preferir los lugares cerrados y seguros, e incluso, condiciones más graves, como síntomas de ansiedad, depresión o trastornos del ánimo, podrían ser algunas de las consecuencias para la salud mental de las víctimas.

 

Por Carola Venegas V.

 

Mateo vive en un tranquilo barrio en las afueras de Concepción. Tiene 13 años, y quienes lo conocen lo describen como un niño curioso, lleno de energía y bueno para conocer nuevos amigos.

Un día en el verano de 2022, cuando regresaba del parque con sus amigos, notó que algo extraño sucedía justo afuera de su casa. Vio que un grupo de hombres armados forcejeaba con su padre, Andrés, quien recién se había bajado de su auto. Se quedó petrificado, sin entender lo que estaba sucediendo. Gabriela, su mamá, salió corriendo y comenzó a gritar pidiendo ayuda.

El papá vio a Mateo a lo lejos. Fue ahí cuando cedió y entregó las llaves, preocupado por la seguridad de su familia. A medida que los ladrones escapaban con el automóvil, Mateo se sintió impotente y enojado. No entendía por qué alguien haría algo así y por qué su familia tenía que pasar por esta situación aterradora.

Cuenta Gabriela: “Cuando pasaron los días, el miedo y la inseguridad invadieron mi casa. Mateo ya no se sentía tan seguro en su propio barrio, no quería salir de su pieza. Nosotros nos esforzábamos por reconstruir la tranquilidad, pero no era tan fácil. Ahora tiene pesadillas, nos dice que no quiere que vayamos a morir, que no quiere morir él. A veces grita en la noche. Por eso tuvimos que pedir ayuda profesional”.

Gabriela dice que es lejos lo peor que les ha tocado vivir. Su vehículo lo encontraron desmantelado, y que si bien agradecen haberlo encontrado, el estado en que quedó aumenta su dolor. “Estamos choqueados y nuestra rutina cambió por completo”, insiste.

Hasta mediado de agosto de 2023, en la región del Biobío, Carabineros registró 210 casos por delitos violentos relacionados con el robo de vehículos, no solo de los denominados portonazos o encerronas, sino cualquier tipo de delito violento que se relaciona con el robo de vehículos. De este total ya se registran 30 personas detenidas.

Lo principal, dicen desde la Octava Zona de Carabineros, es que en estos casos la reserva de los antecedentes es esencial. “Se ponen a disposición de Fiscalía, donde existe una Unidad de Víctimas y Testigos que entrega apoyo a quienes han sido afectados por delitos, protegiendo por sobre todo sus identidades”, aclaran.

Vivir una experiencia como por la que transitó Mateo es un como un gran choque, y hay que abordarlo con cuidado y creando apoyo en varios frentes.

El psicólogo clínico de Grupo Cetep en Concepción, Gustavo Ávila, comenta que “un asalto violento, como el caso de un portonazo, constituye un evento estresante y amenazante que transgrede la sensación de bienestar y seguridad de quien lo vive y, de manera indirecta, de su entorno familiar cercano”.  Es una situación, agrega, en la que se pueden sentir emociones displacenteras e intensas, tales como preocupación, angustia, humillación, vergüenza, rabia, inseguridad, miedo, incertidumbre, entre otras.

¿Cómo podrían reflejarse en la conducta?

“Pueden desarrollar una sensación constante de amenaza, adoptar conductas para evitar situaciones, cambiar hábitos, preferir los lugares cerrados y seguros, e incluso, podrían presentar condiciones más graves, como síntomas de ansiedad o depresión, trastornos del estado de ánimo, trastorno de estrés postraumático, por estrés agudo. También posibles episodios de pánico u otros trastornos similares.

La experiencia de los niños puede variar dependiendo de la etapa del desarrollo en la que se encuentren. Pueden sentir miedo, confusión e incluso culpa por no entender completamente lo que sucedió”.



La reacción del cuerpo ante el peligro

Cuando una persona se enfrenta a una situación traumática, su sistema nervioso activa una respuesta automática de supervivencia que prepara su organismo para tomar una acción ante la amenaza. Este mecanismo incluye tres posibles respuestas: lucha, congelamiento o huida. Para ponerlas en marcha, se genera en su cuerpo la liberación de hormonas como el cortisol, a menudo llamado la ‘hormona del estrés’, y la adrenalina en el torrente sanguíneo, que aumentan su estado de alerta y la energía para enfrentar la amenaza. Si bien esta respuesta es crucial en situaciones peligrosas, el aumento sostenido del cortisol puede afectar la salud de la persona, generando un estado crónico de hiperalerta. Esto puede ocasionar trastornos del sueño, presentando dificultades para conciliar o mantener el sueño, agravando el estrés y la fatiga.

Para Gustavo Ávila es fundamental que la familia pueda brindarse mutuamente contención, apoyo y validación emocional en una situación tan estresante. Enfatiza la importancia de transmitir que las reacciones que están experimentando son válidas y normales, y sostiene que se debe crear un espacio donde sea posible practicar la escucha activa y expresar de manera segura las experiencias y emociones personales relacionadas con el suceso traumático.

Además, el psicólogo considera que es beneficioso activar redes de apoyo a las que la familia pueda acceder, buscar apoyo profesional si la situación lo requiere y, sobre todo, acercarse a personas que puedan contribuir a crear un ambiente de confianza para la familia afectada. Subraya que las conductas de aislamiento, evitación y reactividad son previsibles en estos casos y que no se deben afrontar de manera confrontacional.

Es decir, que el entorno cercano de las personas que han sido expuestas a este tipo de asaltos debe ser comprensivo y empático, fomentando la disponibilidad emocional y promoviendo la comunicación abierta.

 No siempre hay trauma

Los hechos violentos pueden traer aparejada una respuesta traumática. Sin embargo, no es un resultado obligatorio, ya que, eventualmente, la combinación entre las características individuales de una persona y las acciones de respuesta y afrontamiento que se realicen posterior al evento, pueden aminorar el impacto y las consecuencias psicológicas.

La función de la psicoterapia en el proceso de recuperación después de un evento traumático es esencial. En el caso de una experiencia perturbadora como un portonazo, puede contribuir significativamente en lo que se conoce como la “elaboración” del trauma. Esto implica un trabajo profundo para asimilar y, con el tiempo, mitigar las consecuencias emocionales y conductuales que puedan surgir en la secuela de un evento de tal magnitud.

Gustavo Ávila señala que el proceso en sí se centra en comprender cómo el evento impacta a una persona, pues cada individuo responde de manera única a situaciones traumáticas, dependiendo de su historia de vida, de factores biológicos, culturales y características de personalidad. Por eso es que la psicoterapia proporciona un espacio seguro para explorar estas reacciones y trabajar en reducir su impacto negativo en la vida cotidiana. “En definitiva, no solo ayuda a elaborar el trauma, sino que también brinda estrategias concretas para superar los efectos perjudiciales en la salud mental y emocional. Con el apoyo adecuado y una terapia especializada, las personas pueden avanzar hacia la recuperación, restaurando su bienestar y calidad de vida en el proceso”, destaca.

El profesional indica que, si no se aborda adecuadamente un episodio como este, las consecuencias también dependerán de las características y particularidades de la persona afectada. Existe el riesgo de que los síntomas persistan y afecten su bienestar y el de su entorno a largo plazo. Estos síntomas pueden manifestarse en forma de flashbacks angustiantes del evento, pesadillas recurrentes, hipervigilancia constante y evitación activa de situaciones que recuerden el evento. Además, la ansiedad crónica, las dificultades de concentración y la irritabilidad podrían aumentar en ausencia de un tratamiento adecuado.

Toma tiempo volver a establecer la confianza y la normalidad. Eso dependerá del tiempo que transcurre entre que ocurre el evento y la contención que se reciba. También, el historial de traumas anteriormente experimentados o patologías específicas de salud mental. Con el apoyo adecuado y la terapia, muchas personas pueden comenzar a experimentar mejoras en algunas semanas o meses. Sin embargo, es importante entender que cada proceso de recuperación es único y que algunos efectos pueden persistir en menor medida”, asegura el psicólogo.

Ávila considera crucial no pasar por alto que los portonazos son un tipo de asalto que puede ocurrir algún día, al igual que otros eventos amenazantes o peligrosos como accidentes automovilísticos, incendios o robos domiciliarios. En este sentido, enfatiza la importancia y la utilidad de contextualizar esta realidad con la experiencia individual de cada persona. Esto implica informarse a través de las instituciones pertinentes sobre la frecuencia de estos eventos en el lugar específico donde reside, así como comprender las acciones que puede y debe tomar para reducir la probabilidad de que ocurran.

Asimismo, el psicólogo destaca la importancia de mantener conversaciones y brindar educación sobre esta información en el entorno familiar. Estas medidas, al ser implementadas de manera responsable, pueden contribuir a disminuir la sensación de peligro. La conciencia sobre cómo reaccionar en situaciones extremas puede proporcionar una sensación de control que resulta beneficiosa en momentos de crisis. No obstante, se recomienda evitar anticipaciones negativas excesivas que puedan aumentar la ansiedad en lugar de mitigarla.

CÓMO PREPARAR A LOS NIÑOS

La forma más adecuada de hablar con los niños sobre violencia o delincuencia es proporcionar una explicación simple y reafirmar que están seguros ahora.

Puede ser tranquilizador, fomentar un espacio donde puedan hacer preguntas y expresar emociones es vital. Usar lenguaje claro y sin detalles innecesarios, mientras que se destaca el amor y el apoyo incondicional de la familia, puede ayudar a minimizar la confusión y el miedo.

Las personas adultas no debemos excluir, ocultar, separar ni mucho menos engañar a los niños sobre lo que ocurre en su propio entorno con la intención de “protegerles” ante una posible amenaza como lo son este tipo de asaltos violentos, ya que esto podría tener un efecto contraproducente y estaríamos privando el aprendizaje de señales de peligro que podrían eventualmente evitar una situación así.

Es importante educar en el reconocimiento emocional, tener en consideración en la forma que comunicamos el “qué y cómo” ocurrió lo que ocurrió desde nuestra figura como adultos, porque esa será una fuente importante de referencia para la percepción que tendrá el niño respecto a la situación.

STOP

Carabineros mantiene diversos planes preventivos para desplegar servicios especiales en aquellos sectores donde exista aumento de delitos, lo cual es guiado gracias al Sistema Táctico Operativo Policial STOP, que permita a las distintas unidades conocer aquellos sectores, incluyendo la movilidad que puedan presentar entre un mes y otro, y concentrar los controles en esos lugares determinados.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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