Dr. Patricio Ramírez-Azócar
Facultad de Psicología, Universidad del Desarrollo.
Las plataformas de RRSS se han convertido en uno de los medios más empleados para compartir contenido del campo de la salud mental, un fenómeno que se ha expandido especialmente en la población adolescente y de adultos jóvenes. Sin ir más lejos, durante la primera semana de septiembre de este año, el hashtag “trastorno de ansiedad” (#anxietydisorder) fue el segundo más usado y visto en la plataforma TikTok. ¿Cómo podemos entender un fenómeno como ese? ¿Hay otros conceptos asociados a trastornos mentales que también sean tendencia? ¿Podemos saber qué efectos tiene el uso masivo de palabras asociadas a trastornos mentales en videos de TikTok?
Sin duda que la expansión del uso de conceptos del campo de la salud mental puede tener un efecto positivo, en la medida en que ayuda a visibilizar temas que por muchos años no formaban parte de la discusión pública. Sin embargo, la comunidad internacional está levantando ciertas alarmas sobre otras consecuencias que pueden evidenciarse con el uso, muchas veces distorsionado o trivial, prácticamente con nula regulación, que cualquier usuario puede dar en estas plataformas, para difundir ideas imprecisas o experiencias anecdóticas sobre conceptos como “trauma” o “depresión”, por ejemplo.
Uno de esos efectos indeseados es lo que se ha denominado “expansión o inflación conceptual” (concept creep, en inglés) y que se refiere a la deformación de los conceptos técnicos usados en la comunidad experta y que, al ser empleados laxamente, se van volviendo más ambiguos e inespecíficos cuando se usan fuera de los límites de una ciencia o disciplina.
“En la práctica, es poco probable que existan regulaciones efectivas respecto de qué material pueden subir los usuarios de TikTok, aunque eso siempre es un tema sobre la mesa. Mientras el escenario es más bien abierto a que exista un amplio rango de libertad, se vuelve esencial el papel que pueden tener los profesionales de la salud mental aprovechando esa misma plataforma para ofrecer contenido preciso, validado por la investigación y la experiencia clínica acumulada y que contribuya a que se acorte la brecha entre los diagnósticos profesionales y la comunidad”.
Al investigar específicamente el uso de hashtags como “trauma”, “trastorno obsesivo-compulsivo” o “trastorno por déficit atencional”, diversos estudios han evidenciado cómo hay un efecto de estigmatización, confusión o entrega de información engañosa en los diferentes grupos de videos de TikTok analizados. En el estudio liderado por Madisson Fitzpatrick de la Universidad de Yale (2025), se analizaron 100 videos que usaban el hashtag “trastorno obsesivo-compulsivo” (#OCD) con más de 6,1 mil millones de visitas, encontrándose que un 18% de ellos proporcionaban información de utilidad o precisa, un 53% contenían experiencias personales y un 29% entregaban información o datos incorrectos o engañosos. Complementariamente, constataron que los videos con experiencias personales recibieron más visitas, más “me gusta” y fueron más veces compartidos que los útiles o engañosos. En un resultado que llama la atención, el 93% de ellos fueron publicados por personas que no son profesionales de la salud y, dentro del 5% de los videos creados por profesionales de la salud, se encontró una mayor proporción categorizada como engañosa.

En relación con el hashtag “trauma”, en un estudio liderado por Cliodhna O’Connor, de la Universidad de Dublin (2025), se encontró, luego de analizar 143 videos, en su mayoría eran creados por mujeres jóvenes y blancas, que el 68% estaba basado en experiencias personales y que en 44% de los casos se buscaba crear conciencia/informar sobre el trauma. Cerca de un 25% presentaban un contenido humorístico en el que la etiqueta trauma se aplicaba de manera irónica a situaciones menores y un 11% usaban la palabra trauma para caracterizar situaciones triviales o desafíos menores, lo que subraya la desvalorización del concepto clínico.
Y, respecto del hashtag “trastorno por déficit atencional” (#adhd), en un estudio de la Universidad de British Columbia (2022), liderado por Anthony Yeung, se analizaron 100 videos, con más de 2,8 millones de visualizaciones cada uno, encontrándose que el 52% tenía contenido engañoso o sin evidencia científica y que el contenido subido por profesionales era de buena calidad, pero mucho menos frecuente.
En la práctica, es poco probable que existan regulaciones efectivas respecto de qué material pueden subir los usuarios de TikTok, aunque eso siempre es un tema sobre la mesa. Mientras el escenario es más bien abierto a que exista un amplio rango de libertad, se vuelve esencial el papel que pueden tener los profesionales de la salud mental aprovechando esa misma plataforma para ofrecer contenido preciso, validado por la investigación y la experiencia clínica acumulada y que contribuya a que se acorte la brecha entre los diagnósticos profesionales y la comunidad.

