Envejecer no debería significar quedarse solo

/ 20 de Julio de 2026

Chile enfrenta un rápido envejecimiento de su población: según el Censo 2024, hay 79 personas de 65 años o más por cada 100 menores de 14. Sin embargo, el país aún mantiene una mirada que normaliza el aislamiento de los adultos mayores. La psicogerontóloga Francisca Zuchel analiza las consecuencias de esta soledad no deseada y plantea por qué fomentar la participación social es una de las mejores formas de cuidar la salud y la calidad de vida.

 Una persona puede pasar el día rodeada de gente y, aun así, sentirse profundamente sola. También puede estar horas frente al televisor, conversar a diario con sus hijos por teléfono o revisar las redes sociales sin dejar de experimentar un vacío que va creciendo en silencio. Esa sensación tiene nombre: soledad no deseada, un fenómeno que hoy preocupa a especialistas de todo el mundo porque sus consecuencias trascienden el bienestar emocional y afectan directamente a la salud.

“La soledad no deseada es una situación que yo no quiero, que yo no busco y que, por ende, tiene repercusiones negativas en la salud de la persona”, explica Francisca Zuchel, psicogerontóloga. “Puede darse estando solo físicamente, pero también puede ser estar muy acompañado presencialmente y aún así sentirme sola”.

Hoy la evidencia científica ha permitido comprender que esta experiencia no solo aumenta el riesgo de depresión o ansiedad. También se asocia a enfermedades crónicas, deterioro físico e incluso mayor mortalidad. Parte de esa explicación está en el estrés permanente que produce vivir aislado.

“Genera en el cuerpo una sensación de estrés crónico y eso es lo que hoy día también se ha considerado como un gran factor de riesgo para varias patologías”, señala la especialista.

Aislamiento que pasa inadvertido

La soledad no suele instalarse de un día para otro. En muchos casos comienza con pequeños cambios: dejar de salir, rechazar invitaciones, perder interés por actividades habituales o preferir quedarse en casa.

“Generalmente lo sienten con desánimo, se manifiesta a través de irritabilidad o de falta de interés de participar de cosas que le hacían sentir bien previamente… esta falta de deseo es una de las grandes manifestaciones”, explica Zuchel.

Francisca Zuchel.

Aunque este fenómeno también afecta a jóvenes y adultos, en las personas mayores confluyen múltiples factores. La jubilación, las pérdidas de seres queridos, los cambios de salud y la disminución de la autonomía pueden ir reduciendo progresivamente las redes sociales. A eso se suma una sociedad que muchas veces interpreta ese aislamiento como una consecuencia “normal” de la vejez.

El peso de una mirada cultural

En Chile todavía persiste la imagen del adulto mayor que permanece tranquilo en casa, mirando televisión o sentado al sol, como si esa fuera la forma natural de vivir esta etapa.

“Es algo súper cultural”, afirma la psicogerontóloga. “La creencia de que la persona mayor está bien al solcito, mirando la tele, sentada, sin que nadie lo moleste, es una creencia que nos ha llevado a esto”.

Esa mirada, explica, responde al edadismo: una forma de discriminación basada en la edad que instala prejuicios sobre cómo deberían comportarse las personas mayores y limita sus oportunidades de participación.

La consecuencia es que muchas conductas terminan siendo mal interpretadas. Lo que suele etiquetarse como mal carácter o terquedad puede esconder un proceso mucho más complejo.

Para nosotros es mucho más fácil decir ‘es que este es mañoso’ o ‘mi papá es tan porfiado’, en vez de ver todo lo que hay detrás, sostiene. “Se debe considerar que en el envejecimiento hay muchos cambios, muchas pérdidas de roles económicos, funcionalidad, salud, pares y ocupación”.

Un país que envejece a gran velocidad

El desafío adquiere una dimensión mayor porque Chile atraviesa un acelerado proceso de envejecimiento demográfico.

Somos un país envejecido, dice Zuchel. “El envejecimiento al cual nosotros vamos a llegar en 25 años más va a ser un porcentaje que los países de Europa ya alcanzaron, pero al que llegaron durante cien años. Nosotros, lo haremos rápidamente, de golpe, y esto nos obliga también a actuar velozmente”.

La especialista cree que el primer paso consiste en modificar la manera en que se entiende esta etapa de la vida. La Organización Mundial de la Salud, recuerda, propone promover una cultura distinta sobre el envejecimiento, que deje de mirar a las personas mayores únicamente desde el déficit y las reconozca también por sus capacidades y posibilidades de seguir participando activamente en la comunidad.

Frente a la soledad no deseada, la respuesta no depende únicamente de la voluntad de las personas mayores. Las familias cumplen un papel fundamental, pero también influyen factores como el transporte, la infraestructura, la oferta de espacios comunitarios y las políticas públicas. “Se requieren cambios estructurales que faciliten la participación social y eliminen las barreras que hoy enfrentan muchas personas para salir de sus casas o integrarse a actividades comunitarias.

La especialista valora el trabajo que realizan municipios y centros de salud, aunque considera que muchas iniciativas siguen respondiendo a una imagen homogénea de la vejez.

Conversar también es una forma de cuidar la salud

Durante su formación en España observó un modelo donde la participación social forma parte de las recomendaciones que reciben las personas mayores desde el propio sistema de salud. Esa experiencia reforzó una convicción que hoy guía gran parte de su trabajo profesional.

“La participación social ya se sabe que es un factor protector tremendo, de red de apoyo, de sentido de utilidad, de entretención”, señala. Incluso agrega que “el acto de conversar con otra persona, cambiar ideas, cognitivamente también es un acto súper rico y complejo”.

Con esa idea creó el Café del Encuentro, un espacio abierto a la comunidad donde personas mayores se reúnen cada quince días para compartir actividades recreativas, educativas e intergeneracionales, desde talleres sobre envejecimiento saludable hasta encuentros para aprender herramientas digitales.

Porque, al final, la soledad no deseada no se combate únicamente con compañía. También requiere una sociedad que deje de asumir que envejecer significa retirarse de la vida social y que comprenda que mantenerse vinculado con otros es una condición esencial para vivir mejor, durante más tiempo y con mayor dignidad.