La cumbia de Jeannette Jara

/ 2 de Julio de 2025

“Toditas las noches, cariñito, me la paso en vela, mi amor…”, sonaba en el Centro Cultural Chimkowe, en Peñalolén, cuando Jeannette Jara, entonces ministra del Trabajo, era invitada a bailar por el diputado Eric Aedo, que le estiró los brazos sin dudarlo. Era marzo de 2025. Ella aceptó con naturalidad, arrancando inmediatamente sonrisas entre autoridades y asistentes, por la gracia con que se movía en la improvisada pista, al ritmo de la cumbia, tal como lo hiciera en el pasado la expresidenta Michelle Bachelet, conocida también por su simpatía y sus pasos de baile. Comenzaban así a gestarse las primeras comparaciones entre la exmandataria y la secretaria de estado.

Pero lo que ocurría ese día tenía una segunda lectura: mientras bailaba, Jara celebraba la aprobación de la reforma previsional,que había logrado sacar adelante, pese a la incomodidad que esta iniciativa generaba en sectores de su propio partido, y que a ella le exigió negociar con fuerzas políticas y sectores con las que, hasta entonces, el diálogo parecía improbable.

Esa escena, que pudo parecer un gesto menor, marcó en retrospectiva el inicio simbólico del fenómeno que este domingo se tradujo en un triunfo indiscutido, que la llevó a imponerse con un sólido 60% de las preferencias en las Primarias Presidenciales del pacto Unidad por Chile. Y aunque algunos han intentado leer este resultado como una toda una sorpresa, lo cierto es que desde hace meses se venía configurando un cambio de ánimo en el electorado. Porque si bien al inicio de la campaña muchos daban por descontado que Carolina Tohá, por su trayectoria, visibilidad y redes, tenía la carrera casi ganada, las encuestas, antes de la veda, ya comenzaban a mostrar que la contienda no era tan previsible. La candidatura de Jara no solo crecía: empezaba a representar algo más que una opción partidaria.

Su imagen fue superando el molde tradicional del PC y la hizo ganar reconocimiento en sectores sociales que no la veían solo como representante de una doctrina, sino como una mujer de origen popular, con una historia marcada por el mérito y una forma de hablar directa, que conectaba sin adornos.

“La cumbia de Jeannette Jara fue, al parecer, el primer compás de una candidatura que supo construirse desde lo cotidiano, sin grandes escenografías ni frases para la galería. Sin embargo, lo que viene ahora no es solo consolidar ese estilo, sino demostrar que puede liderar una coalición diversa, a veces tirante, a veces desconfiada. Y hacerlo sin perder el ritmo que la llevó hasta aquí”.

En una política donde los espacios de poder siguen dominados por una élite educada en los mismos colegios, con los mismos apellidos y códigos, su presencia ofrecía un contraste potente, Jara ofrecía y marcaba la diferencia.

Ahora bien, este triunfo, contundente en cifra, no resuelve por sí solo el desafío que viene. Ello porque, como es habitual en las coaliciones amplias, el día después de las primarias no siempre garantiza unidad.

Por eso, más allá de su carisma, su trayectoria o su conexión con la ciudadanía, la pregunta clave que surge hoy es cuán alineado estará y permanecerá realmente tras de ella, el pacto que la eligió como candidata única. ¿Habrá entusiasmo genuino detrás de su campaña o será un apoyo funcional, frío, condicionado por las encuestas? ¿Dónde se ubicará la Democracia Cristiana, que ya bailó una vez con ella en Chimkowe, pero que no ha definido su lugar en la carrera presidencial? ¿Se repetirá aquel gesto espontáneo de Aedo -y de su partido- de estirarle los brazos, o la música se apagará antes de tiempo?

La verdadera incógnita, aún no despejada, es si el actual oficialismo, especialmente el Socialismo Democrático, apoyará con la misma convicción a Jeannette Jara, como lo habría hecho si la ganadora hubiese sido Carolina Tohá. No se trata solo de formalidades partidarias, sino de compromiso político real con una candidatura que no proviene de su propio espacio, y por las resistencias que, a veces en voz baja, persisten frente a una candidatura que arranca desde el Partido Comunista.

La cumbia de Jeannette Jara fue, al parecer, el primer compás de una candidatura que supo construirse desde lo cotidiano, sin grandes escenografías ni frases para la galería. Sin embargo, lo que viene ahora no es solo consolidar ese estilo, sino demostrar que puede liderar una coalición diversa, a veces tirante, a veces desconfiada. Y hacerlo sin perder el ritmo que la llevó hasta aquí. Porque si algo enseñó esa escena en el Centro Cultural Chimkowe, es que en política -como en la pista de baile- no basta con saberse los pasos. Hay que tener con quién bailarlos.