Juan Eduardo Matamala
Director Académico IP – CFT Santo Tomás Concepción
Agosto es el Mes de la Educación Técnico-Profesional en Chile, un momento ideal para reflexionar sobre los grandes desafíos que enfrenta este sector a nivel global. La acelerada transformación digital, las nuevas tecnologías y la transición hacia una economía sostenible exigen que la formación técnica entregue competencias actualizadas y flexibles, permitiendo trayectorias laborales sostenibles y el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Es un llamado a garantizar un trabajo digno, tal como lo promueve la Organización Internacional del Trabajo y los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
En este contexto, el Centro de Formación Técnica e Instituto Profesional Santo Tomás, entre otras medidas, ha actualizado su Modelo Educativo para responder a estas exigencias globales. Nuestro enfoque sitúa al estudiante en el centro del proceso, ofreciendo rutas formativas y laborales alineadas al Marco de Cualificaciones Técnico Profesional (MCTP). Con esto, aseguramos la pertinencia de nuestra oferta, fortaleciendo la coherencia con los perfiles de egreso y con las necesidades reales de los sectores productivos y territoriales.
Como institución, también reafirmamos nuestro compromiso con la equidad y la inclusión, entendiendo que la educación técnico-profesional es para muchos la principal vía de movilidad social. Nuestro modelo considera modalidades flexibles y un enfoque andragógico, junto con una vinculación con el medio orientada al desarrollo territorial que asegura la pertinencia y el diálogo con comunidades y sectores productivos. Este trabajo se articula con la Política de Innovación y Emprendimiento, que impulsa una cultura de innovación con impacto en la empleabilidad y el progreso regional.
“Durante este Mes de la Educación Técnico-Profesional, nuestras instituciones reafirman que la formación técnica no es una opción de segunda, sino una alternativa de primera elección: moderna, inclusiva, innovadora y conectada con el mundo productivo y social”.
Este compromiso está inspirado en los valores institucionales de Santo Tomás, que orientan toda nuestra labor educativa. El amor a la verdad nos guía en el cultivo del pensamiento crítico y la integridad; la excelencia y el esfuerzo impulsan la búsqueda permanente de calidad y el hábito del trabajo bien hecho; el Respeto y la inclusión garantizan ambientes de aprendizaje seguros, equitativos y libres de discriminación; y la Fraternidad y la solidaridad refuerzan nuestra vocación de servicio al bien común y nuestro compromiso con la sociedad.
Durante este Mes de la Educación Técnico-Profesional, nuestras instituciones reafirman que la formación técnica no es una opción de segunda, sino una alternativa de primera elección: moderna, inclusiva, innovadora y conectada con el mundo productivo y social. El desafío es grande, pero nuestra convicción es clara: formar técnicos y profesionales de excelencia, capaces de transformar sus vidas y contribuir al desarrollo de sus comunidades y del país.
En la región del Biobío, estos retos adquieren un rostro concreto: la necesidad urgente de reconvertir a trabajadores de sectores emblemáticos como la industria del acero, junto con otros rubros tradicionales como el forestal, la manufactura y la pesca; la incorporación impostergable de tecnologías limpias y sostenibles en la matriz productiva; y la responsabilidad de reducir las brechas de acceso y permanencia de estudiantes que, en su mayoría, provienen de contextos vulnerables o son primera generación en la educación superior. En este escenario, la educación técnico-profesional se proyecta como el verdadero motor de la movilidad social y del desarrollo territorial, una vía concreta para que miles de chilenos transformen sus vidas y contribuyan activamente al progreso de sus comunidades y del país.

