La paz mundial no puede esperar

/ 5 de Diciembre de 2022

Roger Sepúlveda Carrasco.
Rector Universidad Santo Tomás,
Región del Biobío.

Se cumplen seis meses de guerra en Ucrania, y aún no existen indicios de que esto vaya a parar. Por el contrario, todas las señales apuntan a un recrudecimiento del conflicto, con la amenaza latente de una escalada nuclear. Desde la crisis de los misiles en Cuba, en la década de los 60, que no se había visto nada igual.

El gobernante ruso, Vladimir Putin, ha dicho que si ve amenazado su territorio no dudará en usar armamento nuclear táctico para defenderlo. Después de la anexión de las regiones del sur de Ucrania y del reconocimiento por parte de la Duma como parte integral de su territorio nacional, entramos en una nebulosa peligrosa que nadie sabe hasta dónde puede llegar.

Algunos pensaron que se trataba simplemente de un bluff de Putin que, al igual que en una partida de póker, estaba tratando de engañar a su adversario. Sin embargo, el presidente norteamericano, Joe Biden, se apresuró a decir que su homólogo ruso estaba hablando muy en serio.

Hasta ahora, se ha seguido – en parte – la lógica de la Guerra Fría, en donde la única contención fue la amenaza de la destrucción mutua asegurada. De ahí que ambas partes se contuvieran para no seguir en esta escalada de locura.

Al mismo tiempo, mucho se ha especulado sobre la salud de Putin, sobre los temblores de su mano, sobre si tiene un cáncer terminal o, incluso, sobre si sus generales van a seguir al pie de la letra sus órdenes, una vez llegado el caso de mandar a apretar el botón rojo.

Lo único cierto es que existe un delgado hilo, una sutil frontera, entre el nacionalismo y el patriotismo.

Por otra parte, distintas figuras, tanto políticas como religiosas, nos han advertido sobre los peligros del nacionalismo. Parece ser que el nacionalismo exagerado es malo, aunque el patriotismo -en su justa medida- ha demostrado ser positivo.

“Ha llegado el momento de que nuestros líderes se sienten a negociar y que asuman el papel al que están llamados para el beneficio de sus pueblos y no de sus egos y ansias de poder”.

Lo que sí se sabe es que el pueblo ruso es muy nacionalista y que, históricamente, han demostrado una capacidad de sacrificio sin igual. Solo comparable al espíritu japonés de sacrificio de la Segunda Guerra. Por algo, los entendidos, fundamentalmente historiadores, han señalado que esta, en términos de muertos sobre la mesa, la terminaron pagando los rusos.

Estamos viviendo momentos complicados, aún no terminamos de salir de una pandemia global cuando el mundo se ve arrastrado a una guerra que de alguna u otra forma a todos nos golpea. La inflación y los precios se han desatado. La economía mundial se ha resentido y ya no estamos a las puertas de una recesión, sino que en medio de una.

Para terminar de empeorar las cosas, en el Extremo Oriente se está desarrollando una creciente tensión entre las Coreas, Japón, China y Taiwán, la cual durante décadas se había contenido, y que hoy resurge con nuevos bríos.

Es por ello que se hace urgente un llamado a la paz. Ha llegado el momento de que nuestros líderes se sienten a negociar y que asuman el papel al que están llamados para el beneficio de sus pueblos y no de sus egos y ansias de poder. Lo que está en juego es nuestra forma de vida, son nuestros valores, los valores de la sociedad moderna occidental (y me atrevo a decir que de la humanidad en su conjunto), como son la paz, la tolerancia y la democracia como piezas fundamentales de nuestra identidad.

O’Higgins 680, 4° piso, Oficina 401, Concepción, Región del Biobío, Chile.
Teléfono: (41) 2861577.

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