
L. Ricardo Landaeta, psicólogo. Académico de la Facultad de Psicología y Humanidades, Universidad San Sebastián.
En buena hora, en los últimos años se ha posicionado una conversación más abierta sobre salud mental. En esto, la sonrisa aparece como un elemento más influyente de lo que imaginamos: no es solo un gesto emocional, sino una vía para relacionarse y sentirse parte del entorno. La percepción que tenemos de nuestros dientes, o la que creemos que otros tienen, influye en situaciones cotidianas, como hablar en público o presentarse en un trabajo. Por esto, programas gratuitos como el de Impacto en Salud Bucodental que impulsamos junto a Camanchaca en Tomé, Coronel y Talcahuano, muestran que mejorar el acceso permite recuperar la confianza y reducir una de las listas de espera más críticas del país.
Una dentadura sana no solo es estética o funcional: también impacta en cómo nos sentimos y en la disposición a participar socialmente. Quienes han ocultado su sonrisa en fotos o al hablar conocen el peso de algo que parece menor. Es ahí la relevancia de este programa, el más grande de la zona sur de Chile, que en tres años ha beneficiado a 2.795 personas con 4.574 atenciones y 18.314 acciones clínicas, integrando prevención, tratamiento y educación. Y en su cuarta edición, ya ha tratado a 1.121 personas, entregando 8.675 acciones clínicas con 975 altas.
En la adolescencia la vergüenza por la sonrisa puede afectar vínculos y limitar espacios de crecimiento. En la adultez, puede incluso postergar oportunidades personales y laborales.
Es valorable el modelo que sustenta esta iniciativa, que combina el trabajo de profesionales de la Clínica Odontológica y egresados de la USS, con la labor comunitaria y logística de Camanchaca, cuya presencia ha fortalecido el vínculo durante estos cinco meses de ejecución.
Sin embargo, es clave ser críticos. La presión por alcanzar una sonrisa “perfecta” puede generar expectativas irreales y frustración. La salud bucal debe entenderse de forma más amplia, cuidar la boca no es solo asistir al odontólogo o cepillarse: también implica permitirnos sonreír sin miedo. Reconocer que una sonrisa sana aporta bienestar emocional es parte del enfoque humanista que exige la salud integral.

