Nazly Hananias
Periodista
Docente UDD.
En tiempos donde lo urgente desplaza lo importante, una serie televisiva entrega profundas reflexiones sobre el sentido de comunicar, liderar y de servir desde lo esencial.
Vivimos en tiempos veloces. Las exigencias, las metas y lo inmediato nos arrastran con fuerza, dejando poco espacio para detenernos a pensar en lo esencial. Y, en medio de ese ritmo, me encontré con The Chosen, una serie que me invitó a mirar más profundo. No es solo una historia sobre Jesús. Es una narración que nos muestra su lado más humano: el dolor, la fragilidad, las dudas, la compasión… y un amor capaz de transformar vidas.
Como periodista y comunicadora estratégica, mi día a día transcurre entre planificaciones, métricas y resultados. Sin embargo, esta serie me recordó algo fundamental: más allá de las técnicas, lo que da verdadero sentido a la comunicación es la intención con la que elegimos hablar. Comunicar no es informar. Es tocar el corazón de quienes nos escuchan, provocar movimientos internos, sembrar luz donde hay sombra. Es, muchas veces, servir.
Jesús no pidió credenciales ni perfección. Se acercó a los vulnerables, a los invisibles, a los que vivían en la duda. Los miró con ternura y les devolvió propósito y confianza en sí mismos. Los hizo sentir valiosos. The Chosen me enseñó que liderar es acompañar. Es confiar en el otro, ver su potencial y caminar junto a él hasta que florezca.
En la vida profesional solemos buscar validación: cargos, títulos, reconocimientos. Pero ¿y si nos atreviéramos a liderar desde el propósito? ¿Y si entendiéramos que nuestro trabajo puede ser también una forma de oración, de conexión con lo trascendente?

Hoy existen modelos organizacionales que han abrazado esta mirada. Las llamadas Empresas B son un buen ejemplo: compañías que han decidido equilibrar el éxito económico con el impacto social y ambiental, generando negocios más conscientes, éticos y sostenibles. Son organizaciones que comprenden que el trabajo puede ser una herramienta para transformar comunidades, cuidar el entorno y poner a las personas en el centro.
Creo firmemente que todos tenemos un llamado. A veces es claro, otras veces incómodo. Pero cuando lo abrazamos, nos volvemos luz para otros. Y la comunicación, entonces, deja de ser estrategia para convertirse en misión.
Hoy elijo hablar desde el sentido, liderar desde el alma. Porque cuando nuestra voz se pone al servicio de algo más grande, el trabajo se vuelve sagrado.
Si estás sintiendo un llamado distinto, si en lo profundo intuyes otra forma de trabajar, influir o liderar… escúchalo. Quizás no necesitas cambiar el camino, sino que solo transformar la manera en que lo recorres.

