LOS DD.HH., EL MINISTRO Y EVO

/ 4 de Noviembre de 2014
Mario Ríos Santander.
Mario Ríos Santander.

David Choquehuanca es quién sabe, la única autoridad latinoamericana que tiene clara la película. Consultado sobre la democracia, luego de hacer un análisis profundo sobre el “vivir bien” o “vivir mejor”, se explaya en la doctrina natural de la vida, advirtiendo sobre el peligro de las diversas formas que el mundo moderno se ha dado para darle validez a esto de “someter al prójimo”, una suerte de acción permanente de líderes y doctrinas que, a través de la historia, ha sido un síndrome permanente incrustado en la vida de los pueblos. “Por eso cuestionamos la palabra democracia, porque allí existe la palabra sometimiento. Las mayorías someten a las minorías. Y someter al prójimo no es vivir bien”. Luego, profundizando tal cuestión, expresa animoso que para él la verdadera doctrina es aquella que lo ubica en la plenitud natural. “Estoy con bandera boliviana, Simón Bolívar. Estoy. Pero cuando no estoy, estoy hablando de nuestra ‘whipala’, es decir, volver a ser nuevamente, porque nosotros ya no somos: hemos dejado de ser”.

Los líderes bolivianos actuales han sido criados entre obligaciones republicanas, las que utilizan “para ser”, y el conjunto de normas propias de la naturaleza que les permiten “no ser”, todo bajo el prisma de un mundo que no los comprende. Por ello, cuando invitaron a Evo Morales a crear el Ministerio de la Mujer, de los DD.HH., y otras singularidades tan propias de nuestra América actual, él respondió claramente estar en contra. “Que haya ministerio del Abuelo, del Niño, de la Niña, de la Lesbiana, del Maricón, no tiene sentido”, dijo, abogando por un trabajo generalizado desde el gobierno. Quién sabe si tal forma de ver las cosas surge de su admiración por el líder cubano. “Fidel es un compañero que enseña a todos los presidentes de Latinoamérica a gobernar con dignidad”.  Sobre el particular, el vice ministro de Justicia Comunitaria, Valentín Ticona, al momento de asumir, reivindicaba el “chicote” como pena corporal. “Es que como en la Justicia Comunitaria no hay cárceles, el castigo físico es necesario”. Tal determinación, que para los chilenos “huele” a tiempos de esclavitud, en esta singularidad boliviana es aceptada y…les va bien. “Nada es más castigador que un par de chicotes en la plaza pública, y si un hombre se apodera de una mujer que no es de él, se le expulsa de la comunidad”. Los argentinos, cansados de tanta delincuencia, asumieron también esto de los “chicotes”, pero reemplazándolo por un puntapié directo a las costillas.

Una vez en el Senado, Gabriel Valdés alabó a Santiago como capital de la República. Le respondí que “el Senado es capital de la Nación”. Como es natural, inició un debate poco reconocido por el resto de los colegas que observaron en tales afirmaciones un hecho más bien semántico. Pero era algo más. Al revés de Bolivia, Chile avanzaba a una monarquía absoluta de la República. Y todo cuanto por ella se hiciese respondía también a verdades absolutas. Las formas democráticas en todas sus manifestaciones eran algunas de ellas. Últimamente, las declaraciones del ministro de Justicia anuncia la creación de la Subsecretaria de Derechos Humanos y en ello declara que “…los DD.HH., son amplios como la discriminación por ser gordo o chico… y las FF.AA., deberán aceptar a los morenitos”, agregaría a los “rubiecitos en el fútbol”… En fin, pareciera que caminamos a una suerte de Tribunal Estético, cuyas consecuencias superarán todo cuanto la historia nos ha dado. En realidad, la Santa Inquisición, a estas alturas, pareciera haber sido un detalle y nada más que eso. Pero todo sea por la República.

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