No fue un año perdido

/ 21 de Enero de 2021
María Consuelo Barrios, Directora Regional de Enseña Chile

Sin duda, 2020 fue desafiante, lleno de incertidumbre y con muchísimos cambios. En educación, vivimos un intenso debate sobre el año escolar en cuanto a los contenidos que no pasaríamos, el aumento en la brecha curricular de nuestros estudiantes y las consecuencias que la educación a distancia traería.

Fue muy duro, requirió de muchísimo trabajo y adaptación y, aunque no logramos alcanzar al ciento por ciento de nuestras y nuestros estudiantes, mirando hacia atrás creo firmemente que no fue un año perdido.

Pero para saber cómo lo percibieron ellos, les preguntamos directamente. Como Enseña Chile convocamos a alumnas y alumnos de diversos establecimientos, edades y regiones para participar de entrevistas grupales, donde conversamos sobre sus aprendizajes, sobre qué mantendrían de la educación a distancia y qué echaron de menos de la modalidad presencial. Fueron en total 24 adolescentes, de enseñanza media en su mayoría, provenientes de cinco regiones del país. Sus conclusiones fueron categorizadas en el estudio “10 aprendizajes de la pandemia desde la voz de los estudiantes” de Enseña Chile.

En primer lugar, concuerdan en que desarrollaron habilidades en la educación a distancia: autonomía, organización, gestión del tiempo, buscar información y otras. Así lo declara uno de nuestros estudiantes de la región: “Este año aprendimos a ser más independientes. De cierta forma porque ya no teníamos a los profesores al lado”. Y es que la dificultad de no tener a los docentes en la sala requería el desarrollo de habilidades socioemocionales asociadas a la toma responsable de decisiones y autorregulación.

Los jóvenes concluyeron además que fue un año de aprendizajes para la vida. En este contexto, la mayoría declaró sentirse responsable de su propio avance y, por ello, buscaron propósitos que les motivaron a pesar de las dificultades. Respondieron también que no fue fácil, pero que mantenerse positivos fue una manera de evitar la frustración. Por otro lado, adquirieron herramientas digitales. Así como los profesores nos adaptamos a Zoom, Google Meet y Google Classroom, también lo lograron ellas y ellos.

Otra de las conclusiones de las y los jóvenes fue que la actividad física les permitió dormir bien, mantener ritmos de sueño saludables y compatibles con sus actividades académicas. Además, concordaron en la importancia de reconocer las emociones propias, sobre todo la frustración que pudiese perjudicar su aprendizaje. Destacaron también el desarrollo de habilidades prácticas y hobbies, principalmente, cocinar o actividades vinculadas al arte.

Continuando en esta línea, convivir con la familia también les marcó. Estar confinados presentó una oportunidad de reconectarse, conocerse en profundidad y apoyarse hasta en lo más cotidiano. Por otro lado, convivir con sus pares a la distancia permitió desarrollar nuevas maneras de relacionarse. Como bien plantea uno de nuestros estudiantes en la región: “Aprendía pedir valorar, ayudar y preguntar a mis compañeros ¿cómo aprendiste eso? ¿Cómo lograste captarlo? Y así absorber esa información y esa enseñanza que te dan”.

Pese a que se perdió la comunicación presencial, señalaron que desarrollaron más y mejores vínculos con sus pares. Se abrió la oportunidad de mantener los lazos utilizando las redes sociales, y que estas relaciones fueran basadas en la empatía y en la integración de estudiantes que no siempre participaban presencialmente.

Otro aprendizaje rescatado fue la importancia del vínculo y la comprensión de los profesores, desarrollando más empatía con las y los docentes en el desafío de hacer clases, especialmente, en el contexto virtual. Asimismo, valoraron las relaciones interpersonales que construyeron con sus profesores y la preocupación y contención que demostraron en este tiempo. Así, si hay algo que se debería mantener en los próximos años, es la consideración que tuvieron los docentes, anteponiendo el bienestar socioemocional al aspecto académico. Por último, rescataron mucho que cuando se daba por perdido el año escolar, estudiantes y docentes fueron capaces de realizar un proceso de enseñanza y aprendizaje de contenidos que fuera mucho más allá de la inmediatez del contexto de la pandemia.

Sabemos que nuestra muestra no es representativa. Sin embargo, es una primera aproximación a los aprendizajes de este año desde la voz de las y los estudiantes. Y ahora, sabiendo que no fue un año perdido, surge una nueva interrogante: “¿Es posible hablar de aprendizajes como los señalados si los estudiantes no los nombran como tal?”. Recojamos lo vivido en 2020, reconociendo sus dificultades, pero también las habilidades desarrolladas y la valoración de lo que antes dábamos por hecho.

El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial de Revista NOS.

 

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