
Llegó a Concepción para abrir el Summit Internacional de Innovación en Salud y Rehabilitación organizado por la Universidad San Sebastián en Concepción, con una coreografía en la que utilizó una órtesis electromecánica en su pierna derecha. Subcampeona mundial de danza lírica en 2017, debió reconstruir su camino en la danza tras una neuropatía periférica que le quitó el control voluntario de esa extremidad. Hoy ha vuelto a competir y a ejecutar coreografías gracias a ese dispositivo y a su determinación de seguir haciendo lo que más ama.
La bailarina argentina Noelia Martínez (33) abrió el Summit Internacional de Innovación Desde el Biobío: Desafiando las Fronteras en Salud y Rehabilitación, con una coreografía de poco más de un minuto. Realizó su baile con la ayuda de una órtesis electromecánica que le permite desplazarse, pese a no tener control voluntario sobre una de sus piernas.
Su presentación fue parte del Summit Internacional de Innovación, organizado por la Facultad de Ciencias de la Rehabilitación y Calidad de Vida de la Universidad San Sebastián (USS), que reunió en el Teatro Biobío, en Concepción, a especialistas y estudiantes para abordar la innovación como eje central del desarrollo de diversas áreas.

La coreografía que presentó Noelia Martínez fue el resultado de un largo proceso de aprendizaje. Bailar con una órtesis electromecánica de un kilo y medio de peso le ha exigido redescubrir cómo coordinar sus movimientos con el dispositivo. Por eso, en aquella jornada, que tuvo como expositores a referentes internacionales como el neurocientífico Charles Zuker, el chef Ferran Adrià y el sommelier Ferran Centelles, su baile fue también una forma de mostrar hasta dónde puede llegar la rehabilitación cuando la tecnología se encuentra con el trabajo de una persona. Como ella indica, no estuvo allí solo para demostrar lo que podía hacer con una órtesis. También quiso transmitir un mensaje a quienes se están formando para acompañar a otros en sus procesos de recuperación: “Nunca dar por terminado completamente el vínculo de una persona con aquello que ama hacer”.
El largo camino de la recuperaciónEmpezó a bailar a los cuatro años y, a los ocho, se inició en el ballet. Durante años, su rutina estuvo marcada por las clases, los ensayos, la preparación física y las competencias. En 2017, llegó a ser subcampeona mundial de danza lírica en la categoría solista, en Orlando, Estados Unidos.
Su vida cambió después de atravesar un cáncer y terminar el tratamiento. A fines de 2020, comenzó a notar que su pierna derecha se cansaba más de lo habitual y que cada vez le costaba más caminar o permanecer mucho tiempo de pie. Con el tiempo, la debilidad muscular fue aumentando y los médicos comenzaron a investigar qué la provocaba.

El diagnóstico fue una neuropatía periférica que la dejó sin sensibilidad en su pierna ni control voluntario de su rodilla y pie derechos. Sin la órtesis, puede desplazarse iniciando el movimiento desde la cadera, pero el pie se arrastra y corre el riesgo de caer. El dispositivo le permite caminar de manera más fluida, aunque no le devuelve el control muscular de la pierna.
En 2023, después de una punción lumbar que, según relató, complicó su cuadro, comenzó a sufrir un dolor tan intenso que dejó de poder moverse por sí sola. Pasó 68 días en cama. “Necesitaba ayuda para sentarme, acostarme y hasta para ir al baño”. La órtesis que hoy forma parte de su vida ya estaba con ella, pero durante ese período no podía usarla para caminar.
La recuperación comenzó con tareas que antes no requerían ningún esfuerzo consciente: volver a sentarse, recuperar fuerza y aprender a activar los músculos. En rehabilitación, su kinesiólogo le pedía que intentara hacer movimientos mientras él la ayudaba a completarlos. El objetivo era que su cerebro volviera a enviar las órdenes necesarias para ejecutarlos.

Cuando logró controlar el dolor y recuperar algo de fuerza en la pierna, comenzó a pensar en cómo volver a la danza, aunque sus médicos le habían dicho que se olvidara de ese sueño. Durante la hospitalización, incluso se había fotografiado junto a una pizarra en la que escribió que estaría en la final latinoamericana de danza lírica de ese año, para la que ya había clasificado. La competencia estaba prevista para unos 20 días después, pero su estado empeoró y no pudo participar.
La idea, sin embargo, seguía ahí. “Aunque sea en la silla, no hay chance de que no vayamos”, le dijo a su profesora. La primera vez que se sentó sola en la silla de ruedas, vio proyectada su sombra en una puerta y comenzó a improvisar movimientos. Esa escena espontánea terminó incorporada al comienzo de una de sus coreografías.
Cuando volvió a caminar, las bromas con su mentora sobre regresar a las competencias se transformaron en un plan concreto. Noelia se inscribió nuevamente y volvió a competir. Ya había probado bailar con la órtesis antes de la complicación de salud de 2023, pero esta vez no estaba segura de poder hacerlo de nuevo. A los dos meses de comenzar a utilizarla, participó en una competencia y publicó el video en Instagram. La grabación empezó a circular y abrió una nueva etapa de exposición pública: llegaron entrevistas televisivas, una campaña como imagen de Adidas y, en 2025, un reconocimiento en los primeros Premios Martín Fierro de la Danza.

Pero volver a competir también significó aprender a bailar de otra manera. La órtesis cuenta con sensores de movimiento y se configura tomando como referencia la otra pierna. Aun así, la tecnología no resuelve por sí sola las dificultades de desplazamiento. Cuando le preguntan cómo consigue que la pierna se flexione en el momento preciso, Noelia responde: “Con paciencia”.
Los giros son especialmente complejos. “Necesitás mucho control de cada movimiento”, explica. Como no controla voluntariamente la pierna y la órtesis añade peso, a veces la extremidad sigue girando cuando ella ya terminó el movimiento. Por eso, debe calcular “milimétricamente” cuándo levantarla para que vuelva a tocar el piso en el momento que exige la coreografía.
Más allá del escenario La danza no es lo único que ocupa sus días. Noelia también creó Petit Moi, un emprendimiento de muñecos de tela personalizados que nació a partir de su propia experiencia. Sus creaciones pueden incorporar sillas de ruedas, órtesis, cicatrices, traqueostomías y otros elementos vinculados con distintas discapacidades o condiciones de salud. En lugar de ofrecer diseños cerrados, permite que cada persona elija el muñeco y los detalles con los que quiere sentirse representada.
Así, mientras en el escenario adapta su cuerpo para seguir bailando, en su emprendimiento busca que otras personas también puedan reconocerse en lo que tienen frente a ellas. Son dos actividades distintas, pero ambas forman parte de su vida actual, junto con el entrenamiento y la preparación de nuevas presentaciones.
Sobre el futuro, reconoce que no tiene un plan definido. Después de una trayectoria marcada por cambios que no podía anticipar, prefiere no proyectarse demasiado: “aprendí que no hay que planificar mucho”, dice. Por ahora, la danza sigue teniendo un lugar en su vida, aunque ya no se trate de volver a hacer lo que hacía antes, sino de encontrar, movimiento a movimiento, su propia manera de seguir bailando.

