Personas mayores del Biobío: las más satisfechas con su vida, pero las menos felices del país

/ 16 de Octubre de 2026

El estudio de Faro UDD muestra que la región tiene el menor porcentaje nacional de mayores que se declaran felices y la mayor caída en la confianza interpersonal entre 2021 y 2025.

Casi una de cada cinco personas del Biobío tiene 60 años o más, y su bienestar es más complejo de lo que sugiere una sola cifra. Mientras el 81,7% de los mayores de la región se declara satisfecho con su vida, apenas el 63,0% dice haberse sentido bastante o muy feliz, el porcentaje más bajo entre todas las regiones y 3,4 puntos por debajo del promedio nacional (66,4%).

Los datos están en el Boletín Regional N° 75 de Faro UDD, elaborado por Yamil Tala, investigador del Programa de Conocimiento e Investigación en Personas Mayores (CIPEM), una instancia conjunta de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo y la Caja de Compensación Los Héroes. El análisis se basa en la Encuesta de Bienestar Social 2025 y en el Censo 2024.

¿Contradicción o dos formas de medir?

La diferencia entre felicidad y satisfacción puede parecer contradictoria, pero Tala explica que los indicadores miden cosas distintas. La felicidad apunta a la dimensión emocional, a cómo se sintió la persona en un período acotado; en la encuesta, el día anterior. La satisfacción con la vida, en cambio, es una evaluación más amplia de la propia trayectoria y de las condiciones en que se vive.

Yamil Tala, investigador del Programa de Conocimiento e Investigación en Personas Mayores (CIPEM).

El investigador agrega que la satisfacción vital suele ser más alta entre las personas mayores y describe su comportamiento con una curva en forma de U: alta en la infancia, más baja en las edades intermedias y de nuevo creciente en la vejez. Así, una persona puede valorar lo que construyó y sus vínculos familiares sin experimentar niveles altos de felicidad cotidiana. “No es una contradicción, sino una señal de que el bienestar tiene distintas dimensiones”, plantea Tala.

La mayor caída de la confianza 

El dato que más preocupa a los autores es la confianza interpersonal. La proporción de mayores del Biobío que dice confiar bastante o mucho en otras personas bajó de 34,2% en 2021 a 24,1% en 2025, una caída de 10,2 puntos porcentuales, la más pronunciada del país. A nivel nacional, el descenso fue de 2,5 puntos (de 28,3% a 25,8%).

La tendencia tampoco se repite en el entorno. Ñuble registró un alza de 4,3 puntos y La Araucanía, de 6,6. “La evolución de la confianza no ha sido igual en todos los territorios”, señala el investigador.

El hallazgo llama la atención porque el 90,6% de los mayores del Biobío se declara satisfecho con sus relaciones personales, cifra alta aunque algo menor que el 92,1% nacional. Para Tala, esto indica que tener buenos vínculos cercanos no implica confiar en las personas en general: son dimensiones distintas del bienestar social.

Lo que el estudio no explica

El informe identifica la caída, pero no sus causas. Tala plantea que habría que indagar factores como las percepciones de inseguridad, los cambios en las relaciones comunitarias, el aislamiento social y las diferencias entre zonas urbanas y rurales. También sería necesario ver si la menor confianza se asocia a una menor participación en organizaciones sociales o a más dificultades para crear nuevos vínculos.

 Una región envejecida y con alta discapacidad

El contexto demográfico aumenta la relevancia del tema. Según el Censo 2024, 331.329 de los 1.613.059 habitantes del Biobío tienen 60 años o más (20,5%), lo que la ubica como la séptima región más envejecida del país. Además, 198.990 personas, el 13,0% de la población con información válida, presentan discapacidad, una proporción solo superada por Ñuble (15,3%), La Araucanía (13,3%) y Maule (13,1%). Según el boletín, esa combinación puede aumentar la demanda de servicios de salud, apoyos para la vida diaria, cuidados y accesibilidad.

Qué proponen priorizar

Tala sostiene que las políticas para personas mayores no pueden limitarse a la salud, los cuidados y las pensiones, que reconoce como los tres pilares fundamentales. A su juicio, también deben abordar el envejecimiento activo y las relaciones sociales. Sus líneas de acción son:

Fortalecer espacios locales de encuentro y participación, con oportunidades permanentes y no solo actividades puntuales, para integrarse a organizaciones, desarrollar intereses y adquirir nuevas habilidades.

Mejorar las condiciones concretas que permiten participar, como transporte asequible, espacios públicos adecuados, actividades cercanas a donde viven y seguridad.

Reconocer que las personas mayores no son un grupo homogéneo. Algunas siguen trabajando, otras cuidan a terceros y otras tienen discapacidad o dependencia, con diferencias incluso entre comunas y entre zonas urbanas y rurales. Algunas cuentan con redes de apoyo sólidas y otras tienen más dificultades para construirlas y para confiar en otros.