Rehabilitar el cuerpo durante el cáncer también es parte del tratamiento

/ 15 de Octubre de 2025

Por Daniela Castillo Mejías
Kinesióloga. CEO Centro de Rehabilitación
Oncológica y Vascular DC.
Magíster en Gerontología y Diplomada en Terapia Manual Ortopédica; en Rehabilitación Vascular y Linfática, y en Rehabilitación Oncológica.

 

Durante años, el enfoque del tratamiento oncológico ha estado puesto casi exclusivamente en vencer la enfermedad. Sin embargo, sobrevivir al cáncer no siempre significa recuperar totalmente la vida anterior. Detrás de cada diagnóstico y cada terapia hay cuerpos que cambian, se debilitan, se cansan más rápido y, muchas veces, pierden parte de su autonomía. En esa realidad poco visible, la kinesiología oncológica cumple un rol decisivo.

La rehabilitación oncológica no consiste solo en “hacer ejercicio”. Es un proceso clínico, continuo y supervisado que comienza desde el diagnóstico y se extiende más allá de la última sesión de quimio o radioterapia. Su propósito es prevenir, restaurar y compensar las secuelas físicas y funcionales que deja la enfermedad y sus tratamientos. En otras palabras, no se trata de esperar a que el daño ocurra para actuar, sino de preparar al cuerpo y acompañarlo durante todo el proceso.

Cuando hablamos de cáncer, las secuelas físicas son múltiples y muy particulares en cada persona. La fatiga, por ejemplo, es el síntoma más frecuente y discapacitante: no desaparece con el descanso y puede llegar a limitar profundamente la vida diaria. Frente a ello, la evidencia es clara: el ejercicio terapéutico guiado por un kinesiólogo especializado es una de las herramientas más efectivas para combatirla. También están el linfedema -principalmente en el cáncer de mamas- que puede aparecer tras cirugías o radioterapia; la pérdida de fuerza y masa muscular, las alteraciones en la movilidad, el dolor postquirúrgico o la neuropatía periférica. Todas estas secuelas, que antes se asumían como inevitables, pueden hoy prevenirse o mitigarse significativamente gracias a la intervención kinésica.

“La kinesiología oncológica no puede entenderse como un apoyo secundario. Es una aliada estratégica del tratamiento médico. Mientras el oncólogo combate la enfermedad, la rehabilitación fortalece al paciente, ayudándolo a tolerar mejor la quimioterapia o la radioterapia, a reducir la severidad de los efectos secundarios y mantener su capacidad física”.

El trabajo del kinesiólogo en oncología es, en esencia, un acompañamiento activo y personalizado. Cada paciente es evaluado de manera integral: su tipo de cáncer, los tratamientos recibidos, su estado físico basal y las secuelas presentes.

Con esa información se diseña un plan específico que puede incluir ejercicios de fuerza, movilidad y equilibrio, drenaje linfático, terapia manual o técnicas de reeducación postural. La meta es siempre la misma: que la persona recupere su funcionalidad y vuelva a sentirse capaz.

Por eso, la kinesiología oncológica no puede entenderse como un apoyo secundario. Es una aliada estratégica del tratamiento médico. Mientras el oncólogo combate la enfermedad, la rehabilitación fortalece al paciente, ayudándolo a tolerar mejor la quimioterapia o la radioterapia, a reducir la severidad de los efectos secundarios y mantener su capacidad física. Un cuerpo fuerte enfrenta mejor las dosis completas de tratamiento, se recupera con mayor rapidez y evita caer en el círculo vicioso del reposo, la debilidad y la pérdida de movilidad.

A través de programas seguros y progresivos, los pacientes no solo conservan su independencia funcional, sino también su ánimo y su sentido de control. La intervención kinésica transforma la experiencia del tratamiento: donde antes había miedo e incertidumbre, aparece la confianza en el propio cuerpo.

Sin embargo, en Chile aún falta mucho para que esta mirada integral se consolide. Pese a la sólida evidencia científica, la rehabilitación oncológica sigue siendo poco visible y escasamente integrada al sistema de salud. Faltan profesionales especializados, derivaciones oportunas y cobertura que garantice acceso universal. Y falta, sobre todo, comprensión: entender que el cáncer no se trata solo con fármacos o cirugías, sino también con movimiento, acompañamiento y cuidado funcional.