Dr. Jorge Maluenda Albornoz
Director Human-Computer Interaction Lab
Facultad de Ingeniería
Universidad de Concepción.
La reciente entrega de los resultados PISA 2025 volvió a encender las alarmas sobre el estado de la educación en Chile producto del desplome histórico en matemáticas, los efectos de la pandemia y las ya conocidas deudas socioeconómicas y de género. Sin embargo, el informe también mostró información interesante relacionada con la oleada tecnológica que ha sido menos atendida.
Los resultados reflejaron un uso marcadamente superior por parte de los estudiantes chilenos de tecnologías en el aula en comparación con el promedio de la OCDE. El 47,9% de ellos indicó que sus compañeros se distraen de forma frecuente con dispositivos digitales durante las clases, muy superior al 28% que reportó el promedio de la OCDE. También mostraron que el 51% utiliza semanalmente la IA para sus tareas, muy por sobre el 46% en promedio de la OCDE. Su uso principal es para redactar trabajos, resumir lecturas y obtener resultados de investigación de manera automatizada, sin esfuerzo y preproducida, como es propio de estos sistemas. Finalmente, se observó que los alumnos que dedican intensivas horas diarias al uso de pantallas en la escuela mostraron un declive promedio de hasta 10 puntos comparado con un uso menos intensivo.
Antes de la entrada en vigencia de la actual regulación nacional sobre el uso de dispositivos móviles en los establecimientos educacionales, Chile ya mostraba un aumento importante en las restricciones al uso de smartphones en las escuelas. Según los datos citados, la proporción pasó del 34% en 2022, al 59% en 2025, un incremento de 25 puntos porcentuales, superior a los 15 puntos registrados en promedio por la OCDE. Sin embargo, más allá de la restricción, sigue pendiente una discusión relevante sobre para qué, qué y cómo utilizar las tecnologías en los procesos educativos.
A diferencia de la realidad chilena, los países ubicados en el decil superior de los resultados PISA reportaron efectos diferenciados del uso de la tecnología. Por un lado, la descarga cognitiva (delegar en la IA generativa el trabajo) ha mostrado relacionarse con declives importantes en estos resultados. Al mismo tiempo, la bonificación por alfabetización (cuando hay pensamiento crítico involucrado en su uso) genera un efecto positivo (Singapur, Estonia y Corea del Sur). Del mismo modo, el caso de Japón parece notable al haber logrado incorporar fuertemente la tecnología en su proceso educativo, evitando sus problemas y permitiéndole liderar junto con Estonia los resultados en resolución de problemas en el mundo digital.
“Es clave entonces la discusión sobre el propósito, la intensidad de uso, el tipo de herramientas y el nivel de acompañamiento e instrucción, y abandonar la tesis simplista del daño inevitable de la tecnología. La evidencia parece mostrar que el uso intensivo libre genera efectos perniciosos asociados con la erosión sistemática de la concentración y el pensamiento crítico, producto de los ciclos atencionales fragmentados, la debilitación del esfuerzo intelectual y el efecto de muleta tecnológica”.
La investigación en general también ha mostrado extensos beneficios del uso de la IA que profundizan lo ya descrito. Fischer y colaboradores (2025), en Alemania, utilizaron tutores con IA entrenados para solicitar pistas explicativas y retroalimentación paso a paso frente a las dudas en la resolución de problemas complejos, mostrando efectos significativos en el aprendizaje sin desplazamiento del esfuerzo ni de la carga cognitiva. Carmi (2025) en Israel utilizó prompting iterativo para rebatir ideas conceptuales, evaluar críticamente y depurar productos, utilizando la IA como socio de debate y refinamiento. Los resultados mostraron mayor aprendizaje, mejores productos finales y mayores niveles de motivación por aprender. Finalmente, nuestro equipo (2025) también descubrió que el uso de la IA como un tutor correctivo de la escritura en el aprendizaje de la segunda lengua generó importantes ganancias en la adquisición de vocabulario, sintaxis y motivación por el aprendizaje. Los estudiantes mostraron además mayor confianza y seguridad para exponerse a la producción de la segunda lengua.
Es clave entonces la discusión sobre el propósito, la intensidad de uso, el tipo de herramientas y el nivel de acompañamiento e instrucción, y abandonar la tesis simplista del daño inevitable de la tecnología. La evidencia parece mostrar que el uso intensivo libre genera efectos perniciosos asociados con la erosión sistemática de la concentración y el pensamiento crítico, producto de los ciclos atencionales fragmentados, la debilitación del esfuerzo intelectual y el efecto de muleta tecnológica. Por otra parte, el uso de herramientas productivas, con un adecuado acompañamiento instruccional y con un pensamiento activo de parte de los estudiantes parece no solo generar mejores desempeños académicos, sino que también, ventajas comparativas en su relación con el uso de la tecnología.
Abordar esta discusión hoy parece crítico no solo para evitar los potenciales efectos negativos que terminen diezmando aún más el aprendizaje de nuestros jóvenes en el futuro, sino también para aprovechar sus potencialidades y permitirnos ser parte de los países que lideren la transformación tecnológica en los próximos años.

