Transtorno Obsesivo Compulsivo: Una locura lúcida

/ 13 de Diciembre de 2020

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Este artículo fue publicado en 2007, por lo que algunos datos podrían haber cambiado.

Ilustración del temaEs una patología “rara”, pero común que afecta aproximadamente a 100 millones de personas en el mundo. Quienes la padecen suelen sentirse culpables de su conducta anormal, pero por más que luchan no pueden evitarla y viven esclavizados a extraños rituales, por los cuales se ganan la incomprensión de su entorno.

Qué pueden tener en común el empresario aeronáutico Howard Hughes (cuya historia se relata en la película El aviador, protagonizada por Leonardo DiCaprio), el cantante brasileño Roberto Carlos, el futbolista David Beckham o el autor de “Platero y yo”, Juan Ramón Jiménez. A simple vista nada, salvo que todos fueron o son exitosos en sus respectivas áreas. Sin embargo, hay algo que los relaciona y los hace ser parte del 2 ó 3% de la población mundial que sufre uno de los más angustiosos y a la vez más incomprendidos cuadros psiquiátricos que se conocen en la actualidad: el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

Esta patología se caracteriza por la presencia de ideas, imágenes y pensamientos que acuden a la mente sin que la persona quiera. Literalmente invaden la conciencia y son motivo de angustia y vergüenza para los pacientes. Las más recurrentes son las ideas de contaminación, seguidas por las de chequeo que se generan en la duda o en la inseguridad, luego la urgencia de simetría y orden, los pensamientos desagradables que van en contra de la moral o figuras religiosas, o el temor a hacer daño a terceros.

El psiquiatra Mario Valdivia explica que contrariamente a lo que sucede con pacientes psicóticos -esquizofrénicos o con trastornos bipolares- los obsesivos compulsivos no tienen alterado el juicio de la realidad o no padecen lo que popularmente se conoce como “locura”. “El TOC es una patología psiquiátrica en que la persona sabe y percibe con extrañeza lo rara que es su conducta. Ellos generalmente tratan de luchar contra sus obsesiones, pero no pueden y eso les causa mucho sufrimiento”.

¡No me toques!

Melvin Udall, el maniático novelista interpretado por Jack Nicholson en “Mejor imposible” es un clásico ejemplo de un obsesivo compulsivo dominado por la necesidad de orden y por las ideas de contaminación.

Por eso siempre se alimentaba en el mismo restaurante, se sentaba en la misma mesa y usaba cubiertos propios. Evitaba pisar las líneas del cemento en las veredas, cerraba las puertas con mil pestillos y se lavaba las manos en forma compulsiva usando un jabón para cada mano, pero lo más extraño era su temor al contacto físico con otras personas que lo que hacia esquivar cualquier roce mientras caminaba en la calle susurrando “no me toques, no me toques”.

Esos pensamientos, catalogados como intrusivos, generan mucha angustia en los pacientes. Para disminuirla recurren a conductas compulsivas o rituales reiterativos – popularmente se conocen como manías- que van en aumento hasta en ocasiones impedir el desarrollo de las actividades cotidianas de las personas.

El psiquiatra Marcos Jerez recuerda el caso de una paciente que estaba obsesionada con la idea de que todo estaba contaminado con bacterias. “Su compulsión era obviamente lavarse muchas veces en el día, pero en su etapa más crítica llegó a bañarse todos los días con cloro, aún cuando esto le provocara graves lesiones en su piel”.

Obsesivos famosos

Las historia del millonario empresario texano y precursor de la aeronáutica civil en su país, Howard Hughes, quien vivió sus últimos años de vida encerrado, sucio y temeroso de exponerse al sol o salir de su casa sin mascarilla por miedo a la contaminación, refleja cómo el TOC puede afectar la vida de las personas. Pero su caso no es común ni representa a la generalidad de los pacientes. “El TOC es una enfermedad psiquiátrica importante por el que las personas deben tratarse, pero esos casos dramáticos donde llegan a la invalidez absoluta representan sólo a una minoría”, enfatiza Mario Valdivia.

El inicio de esta patología psiquiátrica es variable. Puede aparecer en la niñez o en la adolescencia. Estudios aseguran que el TOC se presenta más tempranamente en los hombres que en las mujeres. Si bien hay personas que consultan en la adultez, muchos de ellos ya manifestaban los síntomas desde niños, pero los escondían por vergüenza de ser calificados como raros o, definitivamente, como locos, dado lo extraño de su comportamiento.

El cantante Roberto Carlos y el futbolista David Beckham son dos casos muy ilustrativos. El 2004 el artista brasileño confesó públicamente que estaba sometido a terapia psicológica para tratar su TOC. Él evitaba usar ropas de determinado color, siempre salía por la misma puerta por la que había entrado, no decía palabras de connotación negativa y jamás firmaba un documento con la luna en fase menguante. ”Decidí iniciar el tratamiento porque las manías me estaban incomodando… cuando supe que sufría esta enfermedad pensé que podía curarme sólo, pero luego me di cuenta que esto es algo mucho más serio de lo que uno imagina… incluso llegué a confundir lo que me pasaba con supersticiones, pero era mucho más que eso”, reveló en una entrevista a un medio de comunicación de su país.

David Beckham contó también a los medios sobre su trastorno obsesivo que lo obliga, por ejemplo, a ordenar todos los objetos en línea recta, por pares o por colores. Y aunque esta conducta podría ser catalogada como otras de las tantas excentricidades del futbolista, la diferencia está en nivel de angustia que le ocasiona el no poder realizar estos ritos. Eso quedaba de manifiesto cuando sus compañeros del Manchester United desordenaban deliberadamente su ropa en las habitaciones de los hoteles de concentración o esparcían revistas a su alrededor para burlarse de él.

El origen del TOC

El psiquiatra Marcos Jerez sostiene que hace 30 ó 40 años se creía que el Trastorno Obsesivo Compulsivo estaba relacionado con procesos inconscientes y traumas no resueltos durante la infancia. Pero las investigaciones más recientes respaldan la teoría de que el TOC tendría una base biológica que podría potenciarse con situaciones ambientales. “Una persona nace con una vulnerabilidad genética a presentar la enfermedad y esto podría potenciarse con situaciones ambientales. Se sabe que muchos pacientes obsesivos sufrieron problemas perinatales, como asfixias o infecciones. Hay muchos casos de estudio que describen que sujetos que sufrieron un TEC presentaron al cabo de un par de años conductas obsesivas, aunque nunca antes las habían manifestado”.
Afirma que algunos estudios de imágenes han demostrado que existirían alteraciones a nivel de la circunvolución órbito frontal y en los ganglios basales (estructuras que tienen que ver con los movimientos repetitivos) que influyen en los sintmas del TOC.
Otros investigaciones indican que anormalidades en ciertos neurotransmisores, como la serotonina (que regula el ánimo, la agresión y la impulsividad) podría estar entre las causas de esta patología.

La enfermedad de la duda

Todas las personas tienen probablemente alguna obsesión, ritual o creencia un poco ilógica. Comprobar si la llave del gas está cortada un par de veces no es algo patológico, pero cuando la acción se repite en 8, 10 o 12 ocasiones se transforma en un problema muy angustiante. Marcos Jerez explica que un paciente que padece este trastorno puede tener más de una idea obsesiva con lo que a su vez aumenta el número de rituales a los que está sujeto.

El profesional recalca que no se debe confundir el Trastorno Obsesivo Compulsivo con los rasgos de personalidad obsesiva que hacen que un sujeto sea muy meticuloso, ordenado o perfeccionista.

En los casos de quienes padecen este TOC, el patrón común es lo intrusivo de las ideas, después la urgencia por entrar en rituales repetitivos y la duda interminable. De allí que esta patología ha sido catalogada como la “enfermedad de la duda”. Este cuestionamiento se genera en la creencia de que si no se realiza la compulsión se podría hacer realidad su idea obsesiva. En los niños que sufren esta enfermedad, generalmente el no cumplimiento de los rituales esconde trágicos pensamientos que tienen que ver con su seguridad o la de su familia: “si no rezo todos los días a la misma hora mi mamá se morirá”, “si no me aseguro que todas las ventanas estén cerradas muchas veces nos robarán” o “si no prendo y apago la luz tres veces antes de salir nuestra casa ésta se quemará” son algunos de las ideas tormentosas infantiles que relata la literatura científica.

Marcos Jerez explica que también existen ideas obsesivas de padecer alguna enfermedad. “Una vez llegó a mi consulta un estudiante universitario que creía haber contraído SIDA y aunque sus pruebas eran negativas, él siempre dudaba de los resultados. Creía que podría haber habido alguna confusión con las muestras en el laboratorio o que todavía la enfermedad estaba en período de ventana. A pesar de que se le entregaran todos los argumentos seguía dudando que podría tener SIDA”.

Afortunadamente los tratamientos para este trastorno han evolucionado bastante en las última décadas. Generalmente el uso de fármacos se combina con psicoterapia cognitiva conductual, pues juntos han demostrado mejor resultado para los pacientes que por separado. Sin embargo, hay casos que, suelen ser los menos, donde ninguna de las alternativas anteriores funciona. Para ellos el único camino sería la psicocirugía, pero esta intervención está regulada y limitada sólo para los pacientes con trastornos obsesivos gravísimos “refractarios a los tratamientos aceptados y disponibles en el país”, según lo establece una resolución del MINSAL.

A pesar de lo angustiosa, ridícula y avergonzante que pueda ser esta enfermedad para quienes la padecen y para su entorno, lo importante es buscar ayuda temprana, sobre todo para mejorar la calidad de vida de los pacientes que sin medicamentos o terapia difícilmente podrán sobrellevar esta suerte de “locura lúcida”.

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