Lucas Serrano
Director de la carrera de Administración Pública USS.
La eventual eliminación de Yo Elijo Mi PC en el Presupuesto 2027 abre una pregunta más interesante que cuestionarnos si nos gustan o no los computadores. La interrogante que nos ocupa es: ¿cuándo podemos decir que una política pública es buena o mala?
El programa en cuestión tiene problemas. Las evaluaciones a las que fue sometido no encontraron efectos significativos en notas, asistencia u otros resultados educativos. También hubo dificultades de focalización, gestión y uso pedagógico. Defenderlo porque existe desde hace años o porque entregar computadores “suena bien” tampoco parece una gran forma de hacer política pública.
La principal evaluación de impacto estudió beneficiarios entre 2015 y 2017 y midió resultados educativos. Sus conclusiones son más sólidas para estudiantes cercanos al puntaje que definía quién recibía el beneficio y no pueden extrapolarse a toda la población ni al escenario posterior a la pandemia. Eso no significa que esté mal hecha: una evaluación responde las preguntas que le hacemos, no a todas las preguntas posibles.
Si preguntamos si entregar un notebook mejora por sí solo las notas, la evidencia es débil. Si preguntamos si permitió a familias vulnerables acceder a un computador que difícilmente podían comprar, la respuesta cambia.
“Una buena política pública no es la que nunca se equivoca, sino la que sabe corregirse. Y un buen Estado no solo debe saber cuándo cerrar un programa, sino qué hará con el problema después de cerrarlo”.
Hoy casi todos podemos conectarnos desde un teléfono, pero hacer un informe, usar Excel o trabajar desde el celular sigue siendo bastante parecido a un castigo medieval. Tener internet no es lo mismo que tener capacidades digitales.

Uno de los errores del programa fue esperar demasiado del computador. Sin alfabetización digital, formación docente, conectividad e integración al aprendizaje, se entrega una herramienta y se espera que haga magia. Una política digital necesita un ecosistema.
También debemos revisar la focalización. Durante parte de su funcionamiento se combinó vulnerabilidad con buenas notas. Pero dentro de los sectores vulnerables, quienes tienen mejores resultados suelen contar con mayor apoyo familiar y mejores condiciones para superar por otras vías la falta de tecnología.
Así, una política destinada a reducir una brecha podía privilegiar a quienes estaban relativamente mejor preparados para enfrentarla.
El Estado debe evaluar sus programas y cerrar aquellos que no funcionan. La responsabilidad fiscal exige no gastar por costumbre. Pero “resultado insuficiente” no puede equivaler a “eliminar”. Sus deficiencias justifican corregir Yo Elijo Mi PC, focalizarlo mejor e incluso reducirlo. Pero si todavía existen familias para las que el Estado es la única posibilidad de acceder a un computador, eliminarlo sin ofrecer una alternativa deja el problema intacto.
Una buena política pública no es la que nunca se equivoca, sino la que sabe corregirse. Y un buen Estado no solo debe saber cuándo cerrar un programa, sino qué hará con el problema después de cerrarlo.

